Cómo jugar con nuestros hijos sin dominar ni ser dominados por ellos

Jugar como niños. Qué bien suena, ¿verdad? Sin embargo, no es tan idílico como parece. Que levante la mano el que no ha sentido alguna vez auténtica pereza a la hora de jugar con su hijos. Muchas veces, porque los niños, claro, usan el juego como un aprendizaje. Y al principio no están preparados ni para ganar, ni para perder ni para aceptar ciertas normas. ¿El resultado? Puede que todo comience bien, pero en la medida que pase el tiempo, la cosa se complique: el niño se niega a perder; El padre se niega a perder; El niño se cansa y quiere dejar el juego a medias; El padre intenta competir y se pone al nivel del niño... Y lo que iba a ser una tarde maravillosa de risas y complicidad, se transforma en una batalla campal. Un desastre, vaya.

Por eso, estos consejos te vendrán bien a la hora de sentarte a jugar al Monopoly con tu hijo. O para cuando te pida demostrar cuántos saltos eres capaz de dar a la comba. ¿Estás preparado? Aquí tienes algunos consejos para jugar con nuestros hijos sin dominar ni ser dominados por ellos.

10 Consejos para jugar con nuestros hijos sin dominar ni ser dominados por ellos

Jugar con nuestros hijos sin dominar ni ser dominados

La premisa básica de la que debemos partir es la siguiente: jugar es diversión. Para todos los que juegan. Da lo mismo que sean niños que adultos. Si alguien no se divierte, algo no marcha bien. Bien. Una vez que entendemos esto, debemos hacer todo lo posible por buscar la diversión al jugar con nuestro hijo. La diversión se estropea cuando uno de los dos intenta dominar al otro. Pasa también entre los niños. ¿No te has fijado que las riñas en un grupo de niños comienza cuando uno acusa a otro de ser 'un mandón' que intenta dominar al resto? 

Si quieres evitar que el juego con tu hijo termine en una batalla campal, apunta estos consejos para jugar con nuestros hijos sin dominar ni ser dominados:

1. No dejes que tu hijo te intimide: Nada de amenazas. A muchos niños les encanta jugar con sus padres porque saben que es el momento ideal para 'tiranizarlos'. Como es un juego...no les van a regañar. Así que aprovechan para amenazar a sus padres: '¡Pero que no me miras! ¡Mírame o ya no juegas!'.

2. No dejes que tu hijo piense que eres su siervo: Mira que les gusta tener a sus padres a su servicio. Así que muchos niños, cuando llega el momento de recoger, deciden que sean sus padres, que ellos tienen otras cosas que hacer. No, no eres su siervo. Recuérdalo.

3. Tú decides cuántas veces quieres repetir el juego: A los niños les encanta repetir y repetir un juego hasta la saciedad. Sobre todo, porque es cierto que aprenden muchas cosas gracias a esa repetición. Pero para los padres puede suponer una tortura. Si ya estás cansado de jugar con tu hijo a hundir la flota, será mejor que propongas otro juego.

4. Protesta si necesitas hacerlo: ¿Qué es eso de callarse ante una norma que tu hijo no respetó? Si hay que decírselo, se lo dices. De hecho, esa es también una valiosa lección para los niños mientras juegan. El juego no es inmune ante el respeto de una serie de normas y límites. Y mucho menos lo es ante el respeto a los padres.

5. Aprende a negociar con ellos: Hay formas y formas de expresar un desagrado. Tampoco es cuestión de convertirte tú en el tirano y dominador del juego. Si no quieres jugar más a la comba, propón otro juego que pueda gustarle a tu hijo. Entre los dos, llegaréis a un acuerdo.

6. No compitas con tu hijo: Muchos padres de pronto se ven imbuidos por una especie de deja vú y comienzan a comportarse como niños, y a competir al mismo nivel que sus hijos. Se enfadan si pierden, patalean e incluso llegan a estallar en un 'pues ya no juego'. No pierdas nunca la visión de quién eres y dónde estás. 

7. No le robes el juego a tu hijo: ¿Cuántos padres se brindan para ayudar a su hijo a montar el Halcón Milenario de lego y terminan haciéndolo ellos? Se emocionan tanto, se divierten tanto con el juego, que se olvidan de que debe hacerlo su hijo. Les ocurre a muchos padres y madres, sí, y lo peor es que no se dan cuenta de que de esta forma le 'roban' el juego a su hijo. Él no aprenderá y tú, eso sí, pasarás un buen rato. 

8. Recuerda que el juego, para él, también es un aprendizaje: No olvides que para ti es diversión, pero para él además es aprendizaje, así que potencia todas aquellas habilidades que sabes que puede adquirir mediante ese juego, y no dudes en explicar a tu hijo qué beneficios le aporta ese juego en concreto. Por ejemplo, mientras juegas con él al damero, le dices: 'Oye, ¿sabes que el ajedrez es muy bueno para la memoria..?'.

9. No olvides elogiarle: Como sabes que tu hijo aprende mediante el juego, puedes aprovechar para mejorar su autoestima elogiando de vez en cuando alguno de sus progresos. '¡Guau! ¡Si has dado 50 saltos a la comba! ¡Que bien te sale!'.

10. Aprovecha el juego para afianzar el vínculo: Nada mejor que el juego para estrechar el vínculo con tu hijo. Compartes con él risas, problemas, enfados... Aprende y aprendes con él. Pero sobre todo, el juego te sirve para conoceros más y mejor. 

Al final, lo más valioso es el sentido común. Cuando juegues con tu hijo, disfruta, diviértete, pero observa si él también se divierte. Para ambos debe ser el mejor momento. 

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