Cuando se utiliza a los hijos como moneda de cambio en un divorcio

Como hija de padres divorciados he podido sufrir como mis padres me utilizaban para sus ataques personales. Cuando mis padres decidieron romper su relación yo tenía 10 años y, al contrario de lo que muchos pensaban, cuando me comunicaron la separación supuso un gran alivio, ya que escuchar las continuas discusiones, gritos e insultos que mis padres se regalaban cada día me provocaba mucha inseguridad. Y es que, en ocasiones los padres utilizan a los hijos como moneda de cambio en un divorcio.

Cuando se utiliza a los hijos en un divorcio

Qué pasa cuando se utiliza a los hijos como moneda de cambio en un divorcio

Cada noche escuchaba como mi madre se quedaba llorando cuando mi padre enfadado salía por la puerta, y yo no podía evitar sentirme culpable cuando muchas de las discusiones eran sobre algún asunto mío.

Por fin, un día mi madre y yo nos fuimos de casa a un pequeño apartamento donde compartíamos una habitación para las dos y, aunque para mi madre fue un momento muy doloroso, yo recuerdo por primera vez tranquilidad y paz en la que disfrutaba estar con mi madre a solas.

Los fines de semana me tocaba con mi padre, y yo quería verle. Me gustaba estar con él, me llevaba al cine y a comer fuera, y el tiempo a su lado me reconfortaba.

Al principio la relación entre ellos fue pacífica e incluso cordial; los problemas vinieron cuando mi madre comenzó a salir con otra persona. Entonces empezaron los ataques personales entre ellos a través de mí.

Me amenazaban con castigarme si mentía, y estaba claro que yo tenía que ocultar cosas, primero, porque me lo pedía mi madre, y segundo, porque no quería que mi padre se enfadara más. Esto provocó enfrentamientos entre mi padre y yo, además de no querer verle los fines de semana.

Me utilizaron para sacarse información, para atacarse mutuamente y como mensajera de amenazas durante más de 10 años. Cualquier necesidad mía, como  comprarme unas zapatillas, se convertía en un motivo de discusión de semanas.

Mis padres se desahogaban conmigo y me contaban todo lo malo que tenía el otro, y yo realmente no quería saberlo. Me sentía culpable por quererlos, y eso era algo que no podía controlar. Yo quería a los dos, y todas aquellas palabras me hacían ocultar mis verdaderos sentimientos para que ninguno de los dos se ofendiera por ello.

Pautas para no utilizar a los niños como moneda de cambio en una separación

Cuando he crecido, me he dado cuenta de que realmente mis padres eran muy jóvenes cuando se casaron y que era inevitable contener sus sentimientos ante mí. Nunca les he culpado, pero no he podido evitar que muchos de sus comportamientos me influyesen profundamente en la actualidad y formaran parte de mí, modelando una forma de ser en la que evito los conflictos a toda costa y en la que los gritos me aterran.

Sé que como madre que soy ahora, mis padres no querían en absoluto herirme, pero si tengo que dar un consejo a alguien que se encuentre en esa situación es que, por mucho que os cueste, guardaros respeto mutuo y arreglar vuestras diferencias cuando los niños no estén delante. Nunca utilicéis a los hijos como moneda de cambio.

Al fin y al cabo tendréis que tener relación durante toda la vida de vuestros hijos. Es muy fácil caer en la tentación, tienes decenas de cosas que echarle a la cara a tu ex, y si no os entendíais estando casados mucho menos cuando os habéis distanciado.

Odio, rencor, y una sensación de haber perdido el tiempo son algunos de los sentimientos que las parejas separadas suelen experimentar, mezclado con algunos recuerdos buenos, que nos hacen sentir confusos. 

Todo eso es normal, pero cuando se han tenido hijos en común hay que entender que esa persona con la que tanto tienes que discutir es la madre o el padre de tus hijos.

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