Los niños mentirosos son más inteligentes

'Si mientes te crecerá la nariz como a Pinocho'. ¿Cuántas veces le habrás dicho esto a tu hijo, o lo habrás escuchado? Desde bien pequeños, les enseñamos a ser sinceros, a evitar la mentira. 'La mentira solo te llevará a meterte en líos', insistimos (y con razón, porque así suele ocurrir). Sin embargo, hay que reconocer que entre todos los niños (y adultos) hay auténticos expertos de la mentira, y que, sorprendentemente, ese tipo de personas que mienten con destreza, son muy pero que muy inteligentes. Y es que no es tan fácil mentir 'con estilo' y sin que nadie les descubra. 

Y aquí llega la polémica: un sorprendente estudio revela que los niños mentirosos son más inteligentes. ¿Sabes por qué? Te lo explicamos.

Por qué los niños mentirosos son más inteligentes

Los niños mentirosos son más inteligentes

No es fácil mentir. Bueno, es fácil mentir, pero es difícil hacerlo sin que se note. Para conseguir que la mentira parezca una verdad, se necesita de un auténtico dominio de las emociones, de una gran capacidad interpretativa y de un previo análisis de la situación, valorando en tiempo récord la posibilidad de salir airoso de la situación, de las causas y el efecto generado en el caso de ser descubierto. La mentira obliga a pensar, a analizar, a prever. La mentira agudiza el ingenio y sí, también los sentidos. Es táctica y estrategia.

Por si esto fuera poco, resulta que la mentira es algo normal. El cerebro aprende a mentir como una forma de autocomplacencia: si un niño ve que puede conseguir un beneficio ocultando (mintiendo), lo hará. Es instintivo. Pero hay más... un estudio elaborado por el psicólogo Michael Lewis en los años 80 dejó de manifiesto lo siguiente:

- Los niños mentirosos son más inteligentes.

- La mentira es buena para el cerebro de los niños.

- Los niños mentirosos son más equilibrados a nivel emocional.

Bien. ¿Cómo te quedaste? Seguramente pienses... ¡que barbaridad! ¡Si la mentira es una trampa a sí mismo y a los demás! Sí, cierto. Es una trampa, pero para elaborar una trampa hay que ser tremendamente habilidoso, y en eso se basa el estudio.

¿Cómo llegaron a esta conclusión? El experimento estudió durante años con cientos de niños de 2 a 6 años. Se quería ver la reacción cuando les pedían cumplir una norma y decirles después si la habían cumplido. Para ello, se escondía un juguete con el niño presente, le decían que no lo mirara y el adulto salía de la habitación. Al cabo de unos minutos volvía a entrar y preguntaba al niño si había obedecido. Un tercio de los niños de 2 años mentía al respecto. A partir de los 3 años la proporción de 'niños mentirosos' ya era del 50%. Y más allá de los 4 años, del 80%. 

Después se evaluó el cociente intelectual de los niños y sus capacidades y habilidades en otras áreas y se llegó a la conclusión de que los niños que mentían eran más inteligentes. 

Otro estudio hizo un aporte más sobre las mentiras infantiles: descubrió que los niños además saben mentir muy bien. El estudio reunió a varios niños de entre 2 y 5 años y muchos adultos, entre ellos, los padres de los niños. Los adultos no fueron capaces de detectar su mentira (ni siquiera los padres de los niños). Y es que los pequeños, son unos artistas de la mentira.

¿Y por qué la mentira es buena para el cerebro? La mentira ayuda al cerebro a buscar soluciones: analiza las posibilidades de salir 'airoso' de la situación y a pensar en posibles excusas para evitar ser descubierto. 

Y por qué educar en la sinceridad a los niños entonces

En ningún momento se dice que la mentira sea buena a nivel global, ni se anima a los padres a educar en la mentira a los niños. La sinceridad seguirá siendo un valor universal necesario. Sin embargo, tampoco hay que alarmarse ante un hijo que miente con bastante soltura. Tal vez en estos casos podemos explicarle por qué no está bien mentir, al tiempo que sonreímos para nuestros adentros mientras pensamos 'pero que listo es mi niño'.

Para analizar cómo educar a hijos más honestos sin obligarles 'a no mentir', la psicóloga Ángela Evans descubrió que la mejor manera de hacerlo no era el castigo ni la 'reprimenda', ya que eso generaba en el niño a la larga una mayor destreza en la mentira. La mejor forma de conseguir que alguien no mienta (incluidos los niños), es hacerles prometer que no lo harán. Así de sencillo. Para llegar a esta conclusión, la psicóloga realizó el mismo estudio que el psicólogo Michael Lewis: escondió un juguete y les dijo a los niños que no lo miraran, pero esta vez, antes de irse, les hizo prometer que obedecerían y que no lo harían. Comprobó que al prometer que no mentirían, los niños evitaban mirar el juguete. ¡Oh, sorpresa! Resulta que la mejor forma de educar a niños sinceros...¡es al confianza! 

Además, según esta psicóloga, las fábulas y cuentos que muestran moralejas con reprimendas sobre las mentiras no sirven para nada, mientras que sí lo consiguen las que ensalzan los beneficios y virtudes de la honestidad. Es decir, la que contienen mensajes positivos sobre la sinceridad, y no negativos sobre la mentira.

Así que ya sabes: primero, no te preocupes demasiado si tu hijo de dos años comenzó a mentir. Es natural y forma parte de su desarrollo. Es más, ya sabes que es señal de inteligencia. Y dos: si quieres que tu hijo no mienta, confía en él, y hazle prometer que no lo hará. 

 

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