Redes sociales y la autoestima infantil ¿amigos o enemigos?

Está claro que si publicamos algo en las Redes Sociales es porque queremos que sea visto/leído por otras personas. De lo contrario, nos lo guardaríamos para nosotros o a lo sumo lo compartiríamos con un amigo/a, familiar, etc. Es decir, si yo quiero que el abuelo vea que a su nieta se le cayó un diente, puedo mandarle la foto por mail o por whatsapp.

Si la publico en Facebook es porque quiero que además del abuelo, todos mis contactos vean qué linda es mi hija o qué simpática queda sin su diente. O en otros casos, quiero que sepan a qué lugar me fui de vacaciones, o en qué restaurante estoy comiendo o con qué chica estoy saliendo. Esto no tiene nada de malo en sí mismo sino cuando nos preocupamos antes por compartir el acontecimiento, que por vivirlo. Por eso hay una broma que hoy recorre el mundo que dice: ¿Sabés cuándo una persona tuvo un día perfecto? ¡Cuando no publicó nada en Facebook!

Niños y Redes Sociales, ¿cómo actuar?

redes sociales y autoestima infantil

Más complicado aún es cuando publicamos algo y estamos pendientes de cada “Like” o comentario que recibimos. Desde este punto de vista, una persona con baja autoestima, puede sentirse reconfortada cuando recibe la “aprobación” de sus contactos, pero también caer en un pozo aún más profundo si esto no sucede. Es importante que hablemos con los niños para que sepan que no tiene nada de malo compartir algunas fotos o pensamientos, pero que “no todo debe hacerse público”. Primero, porque hay cosas que deben permanecer en la intimidad de cada familia, pareja, grupo de amigos y segundo, porque es importante vivir los momentos por uno mismo, sin estar pendientes del “qué dirán”.

Una paradoja que se da respecto a las Redes Sociales, es que el vínculo con el dispositivo es individual, pero el contenido es público. Si yo estoy solo con mi celular o con mi tablet o computadora y me saco una foto “hot” puedo publicarla pensando que la van a ver unos pocos amigos, pero me olvido que ellos pueden compartirla y que rápidamente puede ser vista por miles de personas.

Por eso también es importante enfatizar en la regla de “Pensar antes de publicar”. Recordar a los niños que no actúen con impulsividad y que nunca publiquen nada sin haber contado previamente hasta 10, porque en internet las palabras no se las lleva el viento, sino que quedan allí disponibles para cualquiera que quiera “googlearlas”. Aunque luego podamos eliminar una publicación, cualquiera pudo haberle hecho una captura de pantalla y luego compartirla.

En relación a este punto, a veces se habla de comportamiento errático, refiriéndose a que muchas veces los chicos y chicas pierden la inhibición cuando están en la red. Esto puede provocar que algunos actúen de manera audaz y equivocada, sin tomar conciencia de que se exponen o exponen a otros. 

Otro riesgo es el de que el niño “cree un personaje” y manejar en las redes sociales una especie de “alter ego”. En ese caso la persona queda absorbida por esa doble personalidad y corre el riesgo de temer el contacto real, ya que se acostumbra a vincularse desde un lugar de defensa, de escudo protector que no funciona en los encuentros uno a uno donde las vulnerabilidades tarde o temprano salen a la luz.  

Otro riesgo referido a la autoestima, es que es fácil que alguien pueda convertirse en víctima de ciberacoso, ciberbullying y de suplantación de identidad. Este es un tema amplio que implica que los padres estén atentos, y tomen medidas en caso de saber que su hijo es víctima o acosador, si es necesario, involucrando al centro educativo al que asiste su hijo. 

Por eso si bien no se trata de prohibir su uso, como padres debemos estar atentos. Si el uso de las redes se transforma en un sufrimiento para los chicos, debemos conversar con ellos y proponerles la mayor cantidad de actividades posibles alejadas de ellas, para que sientan que hoy en día son parte de la vida, pero no la vida misma. 

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