Aprender a pactar con los hijos

No hay día que vaya a recoger a mis hijas al colegio en el que no llegue con una gran sonrisa. La esperanza de pasar una tarde con ellas en la que compartimos juegos, risas y experiencias, e incluso deberes, me hace sentir como si fuese a abrir un regalo de Navidad cada día.

Pero, tras ese primer recibimiento, veo como toda mi ilusión se disuelve rápidamente en el aire al comprobar como mis hijas me exigen incondicionalmente la merienda, que les lleve la mochila, que les compre caramelos, y que responda a cada estímulo de su ser sin alternativa alguna. Así, de la madre comprensiva y cariñosa que esperaba detrás de la puerta del colegio tan solo queda un ogro de ojos ensangrentados con una vena hinchada en el cuello, ¿quién dijo que el mundo de la maternidad era todo un campo de rosas?

Así, que he tenido que aprender a pactar con mis hijas.

Aprender a pactar con los hijos

Aprender a pactar con los hijos

La maternidad me ha enseñado que, además de ser amorosa con mis hijas, que es algo que me viene de serie, tengo que ser también educadora las 24 horas del día, contacuentos a la hora de dormir, juez benevolente en cada pelea, embajadora de mis hijas ante otras madres, parlamentaria en el pleno de mi salón y, antetodo, imponer una semidemocracia en mi casa, porque la experiencia me ha demostrado que la dictadura no nos funcionaba a ninguno.

Mi padre instauró un régimen dictatorial en casa, de esos que acaban con la frase “porque lo digo yo y punto”, y donde el diálogo era un ideal perdido; así que, cuando me convertí en madre decidí que en mi casa se impondría en la medida de lo posible una democracia. No fue una elección al azar, sino que de pequeña sentía la necesidad de expresar mis sentimientos y era una sensación frustrante no poder hacerlo.

Ahora, como madre me he dado cuenta de que las normas se acatan mucho mejor cuando somos todos los que las imponemos conjuntamente. Así, aprender a pactar con los hijos se hizo una necesidad imperiosa en mi familia.

Por supuesto, hemos redactado de palabra una Constitución donde se han expuesto las normas básicas innegociables de la casa, pero hay otros muchos puntos que se pueden discutir.

Hay varios factores que hacen que los pactos entre padres e hijos sean la mejor de las elecciones posibles:

1. El pacto es una relación saludable entre padres e hijos, un acuerdo entre las dos partes en las que ninguna se impone.

2. Les hacemos responsables de su elección, que deben cumplir si quieren volver a pactar con nosotros.

3. Les da la posibilidad de aprender a tomar decisiones.

4. Nos enseña a cooperar entre nosotros con respeto mutuo.

Ante esta perspectiva tan halagüeña, solo os puedo decir que en mi casa funciona en la mayoría de las ocasiones, y para las que no funciona, conviene tener un plan B previsto, pero que nunca pasa por la imposición de la norma, ya que de esa manera estaríamos rompiendo la regla básica: “el pacto entre las dos partes”, y la próxima vez perdería su efecto beneficioso.

Consejos a la hora de pactar con los hijos

- Siempre debe suponer un esfuerzo por parte del niño; por ejemplo: no funciona cuando queremos que recoja la mesa pero él estaba dispuesto a hacerlo de mil amores, aunque se haga el remolón.

- Debe ser algo a corto plazo para que no se olvide. Los plazos largos en un niño no tienen efecto porque el tiempo discurre de manera distinta para ellos. Solo vale el momento actual.

- Evita la tentación de hacer un pacto a posteriori sin avisarlo antes, es decir: “como has ido a casa de tu amigo ahora te toca hacer algo por mí”

- Nunca hay que castigarlos por no cumplir el pacto, aunque sea el primer recurso que se nos ocurra, sino que la consecuencia será la negativa a volver a pactar en breve.

- Los pactos no deben convertirse en una relación de negocio, con lo que no conviene abusar de ellos. No todo es negociable: ni la salud, ni los valores morales lo son.

- Hay que esperar a que tengan 5 años, antes no tienen madurez para hacerlo.

- Debe hacerse de una manera comprensiva, no de forma forzada ni con una actitud de enfado por nuestra parte.

 Los pactos no son algo infalible, nada lo es con los niños, pero os aseguro que, aunque os cueste, es la mejor forma de hacer que los niños cooperen y podamos entendernos de una forma positiva.


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