La trampa de basar la crianza en la felicidad de los hijos

Hace tiempo que esta frase resuena en mi interior. No es que no me guste la palabra en sí misma, su significado o su origen etimológico, sino más bien el uso que le damos. Siento que está corrompida en diferentes ámbitos de la existencia, y más aún en los relacionados a la educación y a la crianza.

Parece que lo único que importa es que todos seamos felices, padres e hijos. Y lo peor, es que no tenemos demasiado claro cuál es el significado, qué es lo que buscamos queriendo ser felices.

No me gusta la palabra felicidad

Educar en la felicidad a los hijos

Cómo una vez escuché decir al Dr. Julio Decaro, no hay nada peor en la vida que matarse para conseguir algo que no sabemos lo que es. La mayoría de las personas con las que converso, relacionan a la felicidad con el placer, una sensación que le es reconfortante y muchas veces relacionada a la risa. Y pareciera que todas las decisiones que toman en la vida deberían enfocarse a obtener ese estado.

Allí es cuando considero que podemos caer en una trampa. Muchas veces la vida nos obliga a tomar decisiones difíciles que no nos traen placer inmediato y no por eso dejan de ser saludables e importantes para nuestras vidas. Pasa cada vez que decimos NO a nuestros hijos, sabiendo que estamos haciendo lo correcto, aunque ellos chillen, lloren, hagan pataletas o den portazos en su cuarto.  

Por eso me gustan más las expresiones como bienestar o paz interior. O incluso eudemonía. Esta palabra de origen griego tiene que ver con la plenitud del ser. Aristóteles consideraba que ese estado no se obtiene mediante riquezas, honores, fama o placer sino mediante la práctica de la virtud: viviendo la vida de acuerdo a nuestra razón y búsqueda de la verdad.

Epicuro usaba la palabra ataraxia, que según wikipedia podría explicarse como tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos. Este filósofo creía que mediante la disminución de la intensidad de pasiones y deseos (valorados de forma negativa en la filosofía antigua por los estoicos) que puedan alterar el equilibrio mental y corporal, y la fortaleza frente a la adversidad, las personas alcanzan dicho equilibrio. 

Personalmente me siento identificada con la línea existencialista, postulada por Victor Frankl quien sostiene que buscar y encontrar el sentido de la vida es lo que nos hace humanos y que esa búsqueda es la que nos da esperanza, fé, razones y motivación para vivir. Y que vivir cierta tensión es absolutamente natural, porque siempre hay un “gap” (salto) entre nuestro estado actual  y nuestros deseos, por lo tanto, debemos saber vivir con ciertas tensiones.

¿Educar en la felicidad a nuestros hijos?

Por lo tanto en cuanto a nuestro rol de padres, está claro que el objetivo es criar y educar a nuestros hijos de la mejor manera posible, para que ellos se conviertan en adultos responsables que el día de mañana puedan ejercer su propia búsqueda de sentido. Ese camino tendrá momentos plenos de alegría, pero también espinas y dificultades. La felicidad es saber que estamos haciendo lo correcto y aprehender esos momentos maravillosos en que vemos a los hermanos jugar juntos, leyendo un buen libro, siendo solidarios con sus amigos, siendo generosos con sus abuelos, haciendo preguntas inteligentes. Y aprender a tomarnos con humor y tranquilidad los momentos más duros, que obviamente también transitaremos.  

La felicidad no es algo que ocurre. La felicidad es un estado mental que aparece de la certeza de conectarnos con nuestra alma y saber que estamos haciendo lo que ella nos pide. Un proverbio judío dice: "¿Quién es rico? Aquel que aprecia lo que tiene". (Pirkei Avot 4:1).

Por eso, más que preocuparte por buscar enfócate en lo que tienes y siempre serás feliz. Si te enfocas  en lo que te falta, siempre te sentirás  miserable. Al levantarte cada mañana haz un rápido repaso mental para agradecer por tu vida, tu pareja, tus hijos, tu casa, tus amigos. El autor de varios Best-sellers Robin Sharma, incluso sugiere cada día antes de acostarse hacer una lista de 3 cosas buenas que te hayan pasado en el día. Puede ser una sorpresa que hayas tenido, la satisfacción por algo que hiciste tú o cualquier cosa por la que puedas sentirte bendecido. Estar en paz contigo mismo, es más importante que correr tras la esquiva felicidad. 

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