Clave de crianza: mirar hacia adentro en lugar de hacia afuera

Dime hacia dónde miras y te diré cómo crías a tus hijos. Esta frase resume el concepto que quiero compartir con los lectores de Guiainfantil.com. Los seres humanos somos personales sociales y necesitamos la aprobación de los demás. De mamá y papá cuando somos pequeños, de los pares en la etapa de la adolescencia, de la pareja, los jefes, los suegros, los vecinos, cuando somos adultos.

Sin embargo, ¿debemos tomar decisiones que afecten a nuestra familia pensando en la opinión de los demás o en lo que nos dicta el corazón?

Por qué no hay que tomar decisiones pensando en la opinión de los demás

No decidir cosas de los hijos pensando en los demás

Esto sucede la mayoría de las veces de forma inconsciente. Es nuestro ego que precisa llenarse de aprobación y nos hace querer que nuestros hijos estén vestidos hermosos para ser los más bellos de un cumpleaños, que tengan buenas notas para que los demás padres sientan que son los más inteligentes, que sean buenos deportistas, y una larga lista de etcéteras que nos hacen ponernos trampas a nosotros mismos y tener traspiés a la hora de criar.

La verdad es que nuestros hijos cuando son pequeños necesitan solo nuestra aprobación, y lo que quieren es estar cómodos y jugar. Todos conocemos casos de hermanos a quienes visten iguales, cosa que es muy linda estéticamente, pero no colabora en absoluto para el desarrollo de la personalidad de cada uno. También de padres que mandan a sus hijos a colegios caros y prestigiosos, porque quieren que los chicos y ellos mismos tengan conexiones sociales relevantes, cuando de repente ese chico necesitaría un ambiente más familiar y contenido. Por eso la propuesta es que cada vez que tomes una decisión de crianza, te preguntes quién está tomando la decisión: tu alma o tu ego.

¿Por qué tenemos esa necesidad de impresionar a los demás? Porque la mayoría de las veces, no creemos lo suficiente en nosotros mismos, y necesitamos ser admirados por los demás. Es como decir: "No soy todo lo que podría ser, pero si logro que los demás crean que valgo, entonces sí valdré algo". Pero eso no es verdad. Equivale a buscar oro en una mina de carbón. No necesitamos acudir a los demás para obtener reconocimiento, sino a encontrarlo en nosotros mismos. 

Si dependemos de las opiniones de los demás, es probable que nos guiemos más por modas pasajeras que por lo que nuestra familia realmente está necesitando. Todos queremos tener éxito y alcanzar la grandeza, pero no debemos vivir para los demás. La mayoría de las veces no somos conscientes de ello, pero las pequeñas cosas que empiezan en la infancia, suelen continuar en la vida adulta, cuando por ejemplo estimulamos a un hijo  a estudiar la carrera que tenga más status, o pueda darle más dinero y no aquella que pueda hacerlo feliz. 

Conozco padres que “torturan” a sus hijos con una sesión fotográfica, para poder publicar una foto maravillosa en las redes sociales, cuando sus hijos lo único que quieren es jugar o dormir. Por eso, cuando tomes una decisión, pregúntate si la estás haciendo para impresionar a los demás, o porque es lo mejor para tu familia. Esto puede hacerte en algunos casos tomar decisiones que parezcan antipáticas, como no ir a un campamento escolar, no festejar un cumpleaños en el salón de moda sino en el parque de tu barrio. 

Pero no te preocupes. Cuando sigues el camino correcto, a pesar de que puedes ser rechazado por los demás en un principio, podrás irte a dormir tranquila sabiendo que lo que hiciste es bueno para tí y para tus hijos. No trates de ajustarte a un modelo de mamá ideal o perfecta. Cada familia es un mundo y cada hijo necesita otra cosa de nosotros. Los chicos que salen en las revistas, también se portan mal, gritan, se pelean aunque eso no lo veamos en cada vitrina luminosa y entonces nos confunda. 

Si necesitas de los demás para reafirmar tu importancia quiere decir que llegó el momento de examinar tu nivel de autoestima. Pero seguro que haciendo lo que realmente te dicta tu corazón, pronto te sentirás fortalecida. ¡Suerte!

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