Los niños y el mal hábito de hurgarse la nariz

Los niños y el mal hábito de hurgarse la nariz

Patro Gabaldón, Periodista
En este artículo
  1. Malos hábitos de los niños

El otro día vi en un reportaje hablar a una mamá y, al lado estaba su pequeño, ajeno a la entrevista intentando sacarse un pegajoso moquito de la nariz.

Su dedito era más gordito que su fosa nasal y la tarea era un auténtico desafío para él. Contener la sonrisa (o la carcajada) cuando observamos a un pequeñín de 1 ó 2 años meterse el dedito en la nariz es inevitable, pero cuando el niño va creciendo, este gesto nos parece cada vez más inaceptable socialmente.

Malos hábitos de los niños

Mal hábito de los niños de hurgarse la nariz

Hay que reconocer que el dedo índice es más versátil que una navaja suiza. Su inagotable utilidad incluye el hacer la pinza con el pulgar, servir de apuntador universal, pulsar botones (incluyendo las teclas del ordenador), despegar objetos, quitar tapones o, en combinación con la uña, llegar al lugar más recóndito de nuestro cuerpo para una rascada breve pero intensa. Es normal que nuestros pequeños lo utilicen para "liberar" sus naricillas de los molestos mocos.

Este sencillo acto, que suscita la hilaridad o la repugnancia de quien lo presencia, nos da pie cuando lo veamos en nuestros hijos a enseñarles dos cosas importantes:

1-La higiene de la nariz. Por ella entra el aire que respiramos, se filtra, se calienta y se dirige a los pulmones. Es importante respirar por la nariz, de modo que enseñar a nuestros hijos a sonarse los mocos no es una tarea desdeñable. ¡Cuántos catarros de nariz acaban en problemas de estómago o de pulmones por la ingestión constante de mucosidad o por la respiración a través de la boca!

Cuando hay mocos el lavado de nariz es indispensable y recomendable, especialmente antes de las comidas. Si todavía no saben sonarse la nariz, podemos limpiar sus fosas nasales con suero fisiológico y un aspirador nasal, o si son más espesas, con un algodoncito prensado empapado en agua.

2- La adquisición de los comportamientos sociales. Nadie puede evitar tener mocos, ventosidades o picores, o sentir el irrefrenable deseo de toser o estornudar. Así que aprender a hacerlo de forma discreta nos permite desenvolvernos en sociedad evitando el rechazo inmediato de quienes están a nuestro alrededor, salvo que tengamos 2 añitos; entonces se nos perdona todo...

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