Trucos para calmar a los niños cuando se han hecho una herida

Cómo lograr que el niño deje de gritar y llorar si se hace una herida

Cada niño es un mundo; los hay que se levantan al instante, se chupan la sangre de la herida y salen corriendo; otros, sin embargo, son de los que se les cae el mundo encima: lloran, gritan, patalean, vociferan, o ni siquiera son capaces de enseñarte la herida.

El dolor es necesario para poder sobrevivir. Es un indicio de que algo anda mal en nuestro cuerpo y sin él nuestra vida sería mucho más complicada y corta. Sin embargo, es el sistema nervioso y nuestra mente la encargada de interpretar ese mensaje, por eso hay tantas tolerancias al dolor distintas.

Si la sangre no ha llegado al río y solo se trata de un rasguño, lo mejor que podemos hacer es distraer a nuestro hijo con algún juego y que se le olvide rápidamente el dolor. Este y otros trucos que te damos en Guiainfantil.com te ayudarán a calmar a los niños cuando se han hecho una herida.

Cómo calmar a los niños si se han hecho una herida

Consejos para calmar a los niños cuando se hacen una herida

- Guardar la calma. Es imposible calmar a los niños cuando se hacen una herida si eres tú el que gritas, has salido corriendo a su rescate antes incluso de que el niño haya llegado al suelo, y te has rasgado las vestiduras porque has visto una rozadura con tres gotas de sangre. Los niños responden a nuestras reacciones, así que, saca tu mejor sonrisa y quítale importancia al asunto, ya te desmayarás más tarde cuando no te vea.

- Cura sana culito de rana, si no cura hoy curará mañana. Esta es una frase mágica aquí y en la China. Cualquier padre del mundo sabe que es pronunciar este conjuro y el dolor desaparece por completo. Eso sí, solo vale con los más pequeños.  

- Mimos a mansalva y palabras cariñosas. A veces la caída es lo de menos, pero el niño tiene una excusa para reclamar toda la atención, ¡pues aprovecha! dale mimos y besos a mansalva, dentro de poco le dará vergüenza hasta que te despidas de él en público. Y, por supuesto no le regañes aunque se lo hayas estado avisando toda la tarde, que buen susto se ha llevado ya.

- Cruzar los dedos. Este remedio que, parece más para prevenir que para curar, es un efecto real comprobado en un experimento llevado a cabo por el Instituto de Neurociencia Cognitiva de Londres. Aunque parezca increíble se probó que, cuando alguien se hacía daño en alguna extremidad, bastaba con cruzar esa extremidad para confundir al cerebro, con lo que el dolor se reducía. Es una pena que no tengamos dos cabezas

- Cántale una canción que le guste o ponle su canción favorita para tranquilizarle. Un estudio reveló que nuestra música favorita activa los centros de placer y produce un efecto anestésico, aunque personalmente, yo creo que esto no debe funcionar con el heavy metal.

- Cuéntale que el dolor sirve para algo positivo. Este remedio es para cuando las canciones y los truquillos fáciles no valen. Normalmente el dolor se experimenta como algo negativo, sin embargo, si pensamos que el dolor es síntoma de se está curando la herida, que es bueno que duela para saber lo que anda mal, parece que nos sentimos más conformes con él y lo aguantamos mejor.

- Déjale que grite a gusto. El profesor de psicología Richard Stephens hizo un estudio que revelaba que, cuando maldecimos o decimos palabrotas aguantamos mejor el dolor. En el caso de nuestros hijos no es aconsejable dejar que insulten al primero que pase, pero si podemos dejarles que griten a gusto; por una vez tiene excusa.

- Por último, distráele con otra cosa. Mi abuela tenía uno de los trucos más divertidos y materialistas que he visto en mi vida, pero que realmente funcionaba entre los tres y los cinco años: cuando nos caíamos, y te levantabas llorando, mi abuela decía: “busca la moneda, busca la moneda, que llevabas en la mano”; y yo como una tonta la buscaba, aunque siempre me parecía raro porque no recordaba llevar ninguna moneda en la mano; eso sí, luego mi abuela terminaba sacando la moneda, en compensación, no fuera a ser que ahora lloráramos porque habíamos perdido una moneda. 

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