El gallo Miligallo. Cuentos con valores

Cuentos cortos para leer a los niños sobre la igualdad y la tolerancia

El gallo Miligallo es un precioso cuento de Antonio de Benito, un cuento con valores para enseñar a los niños a respetar las diferencias de los demás.

La diversidad existe y aprender a respetarla es básico desde la infancia, este es el mensaje de tolerancia que nos transmite este cuento corto para niños.

Cuento con valores: el gallo Miligallo

 Cuentos en valores: el gallo miligallo

Al atardecer, la granja cambia de color: el ámbar dorado de la paja tiene sueño, bosteza el gallinero entero. Los caballos, burros, ovejas, cerdos… se hacen un hueco en el marrón abrevadero para beber un trago de agua y acostarse luego.

Duermen de pie pero, como todos, sueñan sueños. Los rosados cerdos recogen a los lechones, les lavan los dientes antes de dormir, enroscan su rabito entre sus ilusiones. Y los conejos, en las conejeras; el perro ya está entrando en su caseta; las vacas y los toros, terneros y terneras esperan el último canto que les meza en sus literas. Y, por fin, a las nueve y media se decide a cantar el gallo Miligallo. Se escucha un potente kikirikiií y todos, menos uno, ya se van a dormir.

De tanto cantar el gallo y ordenar dormir a todos, el gallito Miligallo se ha desvelado.

Siempre se ha preguntado... ¿Por qué no duermen los astros y parpadean en lo alto? ¿Seremos todos iguales? ¿Tendremos las mismas oportunidades?  El gallo irá a averiguarlo, la noche es bella, ¡canastos!

Siendo apenas un polluelo, Miligallo ya soñaba con salir de noche, suelto, sin nadie que le agobiara. Las estrellas y la luna, el firmamento firmado de luces tan diminutas acariciaban sus plumas y el momento había llegado. 

La granja ya descansaba: en sus palos, las gallinas; y el borrico, que roncaba por un dolor de anginas. El perro soñaba inquieto con unas traviesas pulgas que le picaban en sueños y le salían lustrosas verrugas. Y la vaca, con su toro, rodeada de terneros, su más hermoso tesoro, mucho más que los dineros. 

Y el conejo y la coneja, agazapados están como un viejo y una vieja, sus gazapos duermen ya en la conejera.

Miligallo, de un salto, se encarama hasta la valla. Desde allí, en lo más alto, divisa la granja en calma y les dedica un suave canto: “Dormid ya, animalitos, también granjero y granjera, yo me voy dando saltitos, buscando aventuras nuevas”.  

Unas luces, a lo lejos, a Miligallo deslumbran... ¿Qué será ese auto tan viejo?

¡¡¡El camión de la basura!!! Es tan grande… y tanta comida sobrante… 

¿Seremos todos iguales ante la comida o el hambre?

Siguió andando Miligallo y un semáforo encontró. Roja es la cresta del gallo, amarillo es su plumón, verde la hierba de mayo como la que como yo. 

Cruzando el paso de cebra se tropezó a un policía, que le dijo con cautela: Lleva cuidado, gallito, que algún loco del volante no frena ni toca el pito y te llevará por delante.

El gallito se preguntó: ¿Seremos todos iguales delante de un volante?

Y Miligallo, cansado, se sentó encima de un banco y vio unos pies a su lado y una carita de espanto.

- ¿Qué hace aquí usted tumbado? –preguntó el gallo intrigado.

- Mi cama es esta madera; mis mantas, los periódicos; mi almohada, la luna llena. 

Miligallo, entonces, pensó: ¿Seremos todos iguales si unos dormimos en casa y otros en los parques?

¿Así que esto es la noche? Gentes que trabajan duro, hombres que fuerzan los coches, personas pasando apuros, durmiendo sobre bancos que están fríos y duros.

Y con gesto contrariado regresó el gallo a su casa; las seis ya habían dado en el reloj de la plaza. 

¡¡¡Kikirikí kikíiii! La granja se despertaba, el borrico con bufanda su gaznate cuidaba, con tisana de romero, desayunaba.

El caballo, cereales; los lechones, lechecita; ya les cambia los pañales su mamá, la cerdita.

Pidió zumo de naranja la coneja al granjero y sirvió a toda la granja vitamina C en puchero.

Y tomada la comida, el gallo llamó a asamblea –que no es ninguna gallina–, sino una reunión nueva de todos los animales que habitan la granja bella.

- Queridos animales, solo una reflexión para hacer un mundo mejor: ¿Somos todos iguales, toros o vacas, perras o canes, lechones o cerdas, gazapos o conejas, gallinas o gallos?

Y todos se quedaron pensando la pregunta de Miligallo. La respuesta la tenemos en nuestras manos.

Educar en valores a los niños

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