Cómo gestionar la impulsividad de los alumnos en el aula

Consejos para que los profesores puedan trabajar con niños impulsivos y nerviosos

En ocasiones, algunos de nuestros alumnos, presentan ciertas conductas irreflexivas, de respuesta rápida, con carácter impulsivo, que muchas veces nos pueden llegar a crispar, dado el número de veces que se repiten a lo largo del día, y principalmente, debido a la gestión inadecuada que hacemos de esas conductas. 

En ocasiones estos alumnos tienen un diagnóstico, el gran conocido con las siglas TDAH, pero en otras ocasiones no lo tienen, y forma parte de su personalidad esa característica. Sea cual sea la causa, te explicamos cómo gestionar la impulsividad de los alumnos en el aula.

¿Qué entendemos por impulsividad en los niños?

Niños impulsivos en el aula

Para explicarlo voy a usar las palabras de los grandes José Antonio Marina y Carmen Pellicer, extraídas de su libro “La inteligencia que aprende” y que podemos leer a través de la página de la Fundación Trilema. En este libro, entre otras funciones ejecutivas, nos hablan del control de la impulsividad, explicándonos que es:

- Una característica o tendencia del niño o la niña a actuar de manera impulsiva, sin reflexión interna, sin filtro, que diríamos algunos, de forma desordena.

- Una tendencia a la necesidad del refuerzo o gratificación inmediata.

- Una limitación para poder impedir acciones que resultan como automáticas en cierto alumnado. 

En las aulas es muy frecuente que haya algún niño o niña, que tenga dificultades de organización en cuanto a material e instrucciones en las tareas; que tienda al desafío y a tensar la cuerda en ocasiones con agresión; que su humor varíe; que necesite la recompensa prometida de forma inmediata; dificultades en acabar con éxito las tareas de forma autónoma; que presente momentos de desconexión; poca autonomía en el desarrollo de las tareas, por lo que demanda muy a menudo al adulto; dificultad para inhibir comentarios inadecuados y que están fuera de lugar; necesidad de movimiento aunque sea en la propia silla…

Mientras escribía esto, he ido diciendo de forma breve, algunas de las conductas que he conocido en alumnos con los que he trabajado y, estoy segura, que a medida, que tú, querido lector ibas imaginando estas conductas en tu cabeza, del mismo modo, ibas poniéndolas ya con nombre y cara de ese alumno.

Volver a recordarte aquí el poder del lenguaje y la importancia de no poner etiquetas. Pablo no es nerviosos, ni Juan es torpe…, sí presenta nerviosismo uno o conductas de torpeza el otro. “Juzguemos” su actitud y no su persona, de esa manera sancionaremos en su debido momento y si es necesario, su actitud y no su persona.

Cómo puede gestionar el profesor la impulsividad de los alumnos

Os propongo algunas que ponemos en práctica en el colegio donde trabajo, estas en concreto, propuestas por Lorena Jiménez, profesora terapeuta y gran profesional:

- Proponer tareas que impliquen para el alumno un alto grado de motivación: esto lo podemos hacer relacionando el contenido a dar con un centro de interés del alumno.

- Secuenciar las tareas.

- Poder usar dentro del aula, una pelota relajante, por ejemplo.

- Usar, en las patas de la silla, elementos que favorezcan el balanceo, por ejemplo pelotas de tenis.

- Anticiparse a la necesidad de demanda.

- Generar situaciones de cooperación con otros alumnos.

- Ser flexible en la posibilidad de movimiento del alumno.

- En su mesa, marcar los espacios donde estará cada material.

- Pautar de forma muy clara la tarea y lo que se espera de él. Pedirle que después lo verbalice.

- Recompensar el esfuerzo y no tanto el resultado.

- Dar espacio al alumno para que pueda expresarse y hablar de sus emociones.

- Ayudarle a identificar las situaciones de calma.

Y para acabar os dejo para vuestra reflexión con la frase que da inicio al libro “La inteligencia que aprende”: “Somos la única especie que educa a sus crías. Esto es lo que nos define. Aprendemos y transmitimos lo aprendido”

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