Traumas infantiles que pueden perjudicar al niño en la edad adulta

Qué situaciones pueden provocar un trauma en los niños

Los adultos en nuestra vida diaria nos encontramos con personas que no se desenvuelven de manera natural en su día a día o que tienen grandes dificultades a la hora de relacionarse con otras personas.

Hablamos de personas miedosas, ansiosas, vergonzosas, tímidas e incluso agresivas, que captan nuestra atención por ser inusual su manera de funcionar. Nos encontramos con muchos de ellos a diario, son profesores, médicos, abogados, tenderos, conductores, camareros, etc. 

Pero, ¿por qué se comportan así? ¿Es posible que alguna experiencia traumática durante su infancia esté influyendo en su manera de ser durante la adultez? Te contamos qué traumas infantiles pueden perjudicar al niño en la edad adulta.

¿Pueden los traumas infantiles perjudicar al niño en la edad adulta?

Traumas infantiles que afectan al niño cuando se hace mayor

La respuesta es SI. No existe quizás una etapa más intensa, fantástica y más vulnerable a la vez que la dulce infancia. Las experiencias que tenemos durante esta etapa marcan la manera que tenemos de interpretar y de relacionarnos con el mundo. 

Los traumas infantiles influyen de manera significativa en el desarrollo y en la salud mental de la que gozamos durante la vida adulta. En muchísimas ocasiones las vivencias durante la infancia repercuten en la vida adulta debido a que condicionan la manera de pensar, sentir y actuar en el día a día, en especial si tienen una gran carga emocional. 

Aunque también es posible que se deba a muchos otros motivos, en este artículo vamos a incidir en aquellas vivencias traumáticas que tienen lugar durante la infancia y que pueden acompañarnos en la edad adulta condicionando nuestra manera de vivir y de relacionarnos con el entorno. 

¿Qué situaciones pueden ocasionar al niño un trauma infantil?

- Haber sido víctima de una catástrofe natural (huracán, tsunami, terremoto, incendios, inundaciones, etc.), de atentados terroristas o de accidentes.  

- Haber sufrido malos tratos físicos o emocionales por parte de sus progenitores o de alguna otra figura de apego importante para el niño.

- Haber sido víctima de abusos sexuales.

- No haber recibido afecto ni cariño durante la niñez (abandono emocional).

- Haber experimentado una situación en la que sus padres no se han preocupado de satisfacer sus necesidades o de ofrecerle protección y seguridad (maltrato por negligencia).

- Haber vivido en casa una situación de violencia de género en la que ha tenido que  presenciar malos tratos de su padre hacia su madre.

- Haber padecido una enfermedad grave que ha implicado operaciones, periodos de  hospitalización y secuelas a nivel físico y psicológico como por ejemplo un cáncer durante la infancia o un trasplante.

- Haber recibido una educación basada en el miedo, la amenaza, el castigo físico y la hostilidad.

- Haber sido víctima de acoso escolar de manera continuada en el tiempo durante los años escolares.

- Haber sido testigo de cómo sus progenitores, o al menos uno de ellos, consumían sustancias de manera abusiva en el hogar (alcohol, cocaína, etc).

- Haber sufrido la pérdida de los progenitores o de uno de ellos. 

Hemos detallado las principales situaciones traumáticas con las que por desgracia un niño durante su infancia puede encontrarse. No obstante, es necesario poner de manifiesto que, gracias a los tratamientos psicológicos existentes hoy en día, una persona puede con ayuda profesional superar con éxito la vivencia traumática que ha experimentado durante su infancia y continuar así viviendo de manera saludable en la adultez. Pero, sin lugar a duda, para poder mirar hacia delante y construir algo nuevo es necesario superar y hacer frente a aquello que nos hace daño.  

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