Mi hijo tiene conductas agresivas con otros niños, ¿cómo he de actuar?

Por qué un bebé de 12 meses puede tener conductas agresivas y qué hacer para evitarlo

A partir de los 12 meses de edad aproximadamente, los niños comienzan a mostrar una serie de conductas agresivas que suele preocupar bastante a los padres, y en general, a las familias. ¿Por qué de repente mi hijo ha empezado a pegar, arañar o morder a otros niños? ¿Es normal que lo haga?

Analizamos qué hacer si mi hijo tiene conductas agresivas con otros niños. Presta atención a estos consejos. 

Por qué razón mi hijo tiene conductas agresivas con otros niños

Mi hijo tiene conductas agresivas con otros niños

Las conductas agresivas hacia otros niños a partir del año de edad son completamente normales. A estas edades, los niños atraviesan una etapa caracterizada por un alto nivel de egocentrismo, una baja tolerancia a la frustración y una escasa capacidad para resolver conflictos de manera adecuada. Y esto favorece en gran medida la aparición de conductas agresivas.

A esta etapa, podemos añadir además posibles causas externas que dan lugar a ello:

1. Sobreprotección. En ocasiones, la sobreprotección en nuestros peques genera una menor tolerancia a la frustración en ellos ante diferentes situaciones que les puede impulsar a relacionarse de una manera agresiva con sus iguales.

2. Demasiadas emociones. Hay momentos en los que, un exceso de emoción, alegría o cariño puede ser también el desencadenante de este tipo de acciones, ya que los niños a estas edades no son capaces aún de gestionar sus emociones de manera adecuada.

3. Falta de habilidad con el lenguaje oral. La ausencia del lenguaje oral también puede favorecer que, ante una situación que les genera frustración, por ejemplo, que el compañero le quite un juguete, el niño responda mordiendo, arañando o pegando.

4. Llamadas de atención. Las llamadas de atención son otra de las causas que llevan a los niños a desarrollar conductas agresivas. Buscan la atención del adulto y no les importa cómo sea esa atención, siempre que la consigan. Es decir, “quiero que papá o mamá me atiendan, y me va a resultar igual de válido que sea para mostrarme su enfado porque me he portado mal o que sea para decirme lo contentos que están conmigo por tener un buen comportamiento”.

5. Problema de la dentición. Finalmente, el problema con la dentición o la necesidad de succionar tras la retirada del chupete puede crear en ellos una necesidad, sobre todo de morder, para conseguir calmar ese malestar.

Qué hacer si mi hijo tiene conductas agresivas con otros niños

Ante estas situaciones, es importante que los niños escuchen por nuestra parte un “NO” firme y rotundo inmediatamente después de la conducta agresiva. Debemos mostrarles nuestro descontento y desaprobación ante lo que acaba de hacer.

1. No es necesario gritar ni ofender. Basta con utilizar un tono serio para que entiendan que no nos ha gustado cómo se ha comportado, y que, obviamente, es una acción que no queremos que repita. Y, acto seguido, podemos emplear dos técnicas bastante útiles en estos casos en función del ambiente en el que se haya producido la conducta que queremos corregir.

2. Usar el 'Tiempo fuera'. Si, por ejemplo, nuestro hijo/a ha mordido a un amigo en el parque, el “Tiempo Fuera” nos puede ayudar en el proceso de corregir este tipo de conductas. Consiste en:

- Retirar al niño/a del entorno donde ocurre la acción (Le saco fuera de la zona de juego y le siento en un banco junto a mí, por ejemplo). Comentar, de manera breve, que se le retira por una acción negativa (“No se muerde a los amigos, les haces daño”).

3. “Retirar la atención” del niño/a durante 1 minuto por año aproximadamente (“Ahora te quedas aquí sentada sin jugar hasta que yo te diga”. Y, aunque obviamente estamos atentos a todo lo que haga y diga, le hacemos ver que no le vamos a hacer caso por su comportamiento. Y si podemos, es importante hacerle ver lo bien que se lo están pasando los amigos y él no por haber mordido. “Qué castillo tan bonito estáis haciendo chicos/as” “A ver qué bien subís al tobogán” “Qué divertidos los columpios, qué alto llegáis”).

Pasado el tiempo pertinente (1 minuto por año de edad), dar la oportunidad de volver al entorno y pedir perdón al niño agredido (“Vamos a pedir perdón a Juan por morderle”). En estos casos pueden pasar dos cosas: que pida perdón al amigo o que no quiera hacerlo. Si no quiere disculparse, volvemos al paso anterior indicando que mi atención se la sigo retirando (“Como no quieres pedir perdón a Juan te quedas aquí sentado otro ratito sin jugar”).

4. Si se pide perdón al amigo, es muy importante reforzar positivamente su intención de disculparse (“Fenomenal María, qué contenta estoy contigo. Vamos a jugar con los amigos”).

5. Si la conducta agresiva se produce en casa, por ejemplo, dónde estamos solos y no tenemos un grupo de referencia en el que apoyarnos para realizar el tiempo fuera, podemos utilizar la “retirada de atención”. Si mi hijo/a se enfada y tira el vaso de agua al suelo, por ejemplo, indicamos nuestro descontento por esa acción (“NO María, no se tiran las cosas al suelo”), le llevamos a un lugar en el que no perdamos el contacto visual con él/ella y le retiramos nuestra atención (“Te quedas aquí sentada hasta que yo te diga. Estoy muy disgustada/o”). Una vez pasado el tiempo necesario, nos acercamos para que corrija su actitud (“Ven, recoge el vaso y ponlo en su sitio”). Y, como en el ejemplo anterior, deberemos actuar en consecuencia a su respuesta (Si recoge el mando volvemos a la rutina normal, y si no lo hace seguimos utilizando la retirada de atención).

Es muy probable que, ante estas situaciones en las que los padres o figuras de referencia les regañan, intenten chantajearles con llantos, gritos o acercamientos cariñosos. Y es muy importante que nos mantengamos firmes y no caigamos esos intentos de chantaje. Pero igual de importante es reforzarles positivamente cuando la conducta agresiva cesa o ha sido “reparada por su parte”.

Los niños necesitan que les pongamos límites, pero también necesitan saber que hacen las cosas bien y eso nos causa una tremenda alegría.

En definitiva, esta etapa forma parte de su proceso evolutivo y de nosotros depende que su paso por ella sea positiva para su desarrollo personal y social.

Sandra Campeño, Directora de la Escuela Infantil “Nemomarlin Cuatro Caminos”

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