Mentiras piadosas a los niños: ¿sí o no?

¿Decir la verdad o una mentira piadosa a los niños?

Con la mejor intención del mundo casi todos los padres hemos utilizado las mentiras piadosas como recurso para evitar diferentes situaciones que no sabemos cómo afrontar con nuestros hijos, pero ¿es lo más correcto? ¿Es realmente necesario mentirles? Con esta duda en mente hoy nos planteamos la siguiente cuestión ¿hay que contarles mentiras piadosas a los niños? Y en caso afirmativo ¿en qué tipo de circunstancias y por qué? 

Ciertamente, en más de una ocasión, como padres, habremos dudado si contar a nuestros hijos toda la verdad sobre un hecho o bien decirles alguna mentira piadosa con la finalidad de preservar su bienestar emocional.  

Mejor la verdad que una mentira piadosa a los niños

Mentiras piadosas: sí o no

No hay duda que todos los padres deseamos lo mejor para nuestros hijos. Deseamos que sean felices y asegurar su bienestar físico, psíquico y emocional. Deseamos cuidar su inocencia y mantener su candidez el máximo tiempo posible. Es por eso que, en ocasiones, creemos que es mejor contarles una mentira piadosa en lugar de explicarles toda la verdad sobre determinadas circunstancias, por ejemplo la muerte de un familiar o hechos traumáticos que consideramos que nuestros hijos no van a ser capaces de comprender o asimilar.

Sin embargo, en estos casos es siempre mejor decir la verdad, adaptando nuestro lenguaje a su nivel de edad y madurez en lugar de contarles una mentira. Por más piadosas que sean, y por más buena intención que lleven, no dejan de ser engaños que pueden acabar minando el vínculo de confianza entre padres e hijos.

Circunstancias especiales para contar mentiras piadosas a los hijos

- Hay otras circunstancias, como por ejemplo las que rodean toda la ilusión que acompaña la Navidad (con la llegada de Papá Noel o los Reyes Magos) en las que las mentiras piadosas son más aceptables y menos traumáticas. Se trata de pequeñas mentiras que guardan y mantienen una fe. La fe en la llegada de Papá Noel en su trineo volador cargado de regalos o esa cabalgata de Reyes que mantiene a los niños en vilo la noche del 5 de enero de cada año.   

- Entran en esta misma categoría la creencia en el Ratoncito Pérez o el Hada de los dientes. Seguir este juego en el que los adultos contamos algunas mentiras piadosas no es más que mantener la ilusión de nuestros hijos durante unos años en los que la fantasía, magia y realidad se mezclan de un modo especial. 

En resumen, podríamos decir que las mentiras piadosas deben usarse con cuentagotas y solo para eventos o momentos muy especiales como los que hemos señalado. Más allá de este tipo de circunstancias es preferible siempre decir la verdad adaptándola a la madurez y edad de nuestros niños. De este modo educamos desde la sinceridad, la honestidad inculcándoles el valor de la verdad y confianza en los demás.

Educar en valores a los niños

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