Cómo evoluciona la personalidad del niño

El desarrollo de la personalidad en la infancia

La personalidad se asienta en gran parte sobre el conjunto de experiencias que el niño va percibiendo a lo largo de su vida y se considera que su forma de ser no es plena hasta que llega a la edad adulta, habiendo un proceso de desarrollo y pasando por unas etapas vitales hasta que se estabiliza, pudiendo sufrir algunas variaciones, no siendo estas frecuentes ni muy marcadas.

En definitiva, la personalidad es un esquema de pensamiento, un patrón de comportamiento y una manera de emocionarse que es estable en el tiempo y en las diferentes situaciones que se van dando. Estos patrones y esquemas van explicando como el niño percibe la realidad y como interactúa con el entorno.

Ser introvertido o extrovertido, ser sensible o insensible, ser intuitivo o racional son todas categorías que reflejan aspectos de esos patrones y que van definiendo la personalidad del niño. Una forma de ser que en una pequeña parte es hereditaria (acción endocrina de algunas hormonas, la habilidad de adaptación del niño, su estado de ánimo) y en una gran parte es adquirida y moldeada por el entorno que le rodea (la familia, el colegio, los amigos) y su experiencia de vida. 

Cómo evoluciona la personalidad del niño a través de las etapas de vida

 Evolución de la personalidad del niño

Desde hace años son múltiples los autores que han querido establecer teorías de cómo se desarrolla la personalidad. Las dos teorías más conocidas, a la vez que desfasadas en el tiempo que vivimos son: la teoría del desarrollo psicosocial de Sigmund Freud y la teoría del desarrollo psicosocial de Erikson. Gracias a estas teorías tenemos una base de la que podemos partir para hablar de etapas en el desarrollo de la personalidad del niño

Hay que tener en cuenta que los límites de esas etapas no son muy claros y puede ser discutible dónde empiezan y dónde acaban, pero hay consenso acerca de cuáles son y de qué manera ocupan nuestras vidas.

- La primera infancia (de 0 hasta más o menos los 3 o 4 años) Cuando el niño nace se puede considerar que no tiene una personalidad marcada, ya que aún no ha tenido experiencias que le hagan pensar o actuar de una manera determinada. Pero, a medida que pasan los días podemos ir observando un patrón de comportamiento determinado: llora mucho o poco, responde con miedo o curiosidad etc. Estas conductas forman parte del llamado temperamento que tiene base biológica e innata, es decir, es hereditaria y es un componente que actúa como base para la construcción de la personalidad.

- La niñez (desde los 4 años hasta los 7 años) Según crece, el niño va desarrollando diferentes capacidades cognitivas y físicas que le permiten ir conociendo y entendiendo cómo funciona el mundo. Así verá cómo puede influir y participar en él. Se van adquiriendo patrones de comportamiento a partir del temperamento y su confrontación con el entorno que les rodea. En esta etapa los niños adquieren creencias, normas que provienen de otros y valores que aprenden a partir de la imitación.

- La pubertad (7-11 años) y la adolescencia (11-17 años) Estas etapas van de la mano. Es el punto en el que se pasa de niños a adultos y, por tanto, una etapa clave en la formación de la personalidad. Es una etapa compleja donde el organismo se encuentra en continuo proceso de cambio donde se experimentan diferentes aspectos y realidades El número de entornos en los que participa aumenta, y el número de personas con los que interactúa. Además se dan cambios hormonales. Todo esto hace que se potencia su búsqueda de vinculación social. Es un momento marcado por la necesidad del niño de diferenciarse, así se suele producir una ruptura con los adultos y los familiares y el cuestionamiento de todo lo que se le ha inculcado A través de la experimentación el niño prueba diferentes maneras de ver la vida, quedándose con algunos aspectos de la experiencia y moldeando otros. Está buscando una identidad propia, que con el tiempo cristalice en una personalidad diferenciada.

- Adultos (de los 18 en adelante) A partir de la adolescencia podemos hablar de personalidad propiamente dicha, ya que es el momento donde se forja un patrón estable de conducta, pensamiento y emoción. La personalidad puede variar aún pero la estructura de esta, a grandes rasgos va a ser ya semejante salvo que suceda algún acontecimiento muy relevante para el sujeto. A medida que vamos siendo más mayores y más ancianos la personalidad sigue siendo estable pero empieza a haber una pérdida de habilidades junto con otros aspectos que pueden afectar al individuo a la manera de relacionarse con el mundo.

Educar en valores a los niños

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