Heridas emocionales que los padres causan sobre los hijos

Daño psicológico que podemos causar sobre los niños

Los adultos, cuando elegimos emprender el viaje de la maternidad o la paternidad, debemos asumir la responsabilidad de criar niños emocionalmente sanos

La salud física es imprescindible para funcionar adecuadamente por el mundo y disfrutar de la vida, es cierto, pero la salud mental o la fortaleza psicológica no es menos importante. En cambio, muchas veces queda relegada a un segundo plano. Sin embargo, hay heridas emocionales que los padres podemos causar sobre los hijos.

Por qué podemos causar heridas emocionales en los niños

Heridas emocionales que causamos a los hijos

Es cierto que ser padres no es una tarea fácil. Quizás es uno de los trabajos más difíciles a los que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida. Es un trabajo de 24 horas, no hay vacaciones posibles, implica un compromiso y una atención continuada, se asume una gran responsabilidad y, por supuesto, no es un trabajo remunerado. ¡Qué difícil es ser padre! 

No cometer errores durante el periodo de crianza de los hijos es imposible si partimos de la base que somos seres imperfectos. Además, el ritmo de vida acelerado en el que estamos inmersos no nos permite, en muchas ocasiones, ver con claridad lo que sucede en nuestro entorno ni actuar desde la calma y la templanza sino todo lo contrario. 

La mayoría de los padres actuamos en modo “piloto automático”. Muchas veces realizamos las tareas, actividades y obligaciones del día a día de manera robotizada sin ir más allá o sin prestar la atención a lo realmente importante. Pero, es normal, la sociedad occidental es la sociedad de la prisa y no podemos detenernos en actuar con calma y con mesura en muchas ocasiones. Este ritmo de vida frenético, en muchas ocasiones, nos impide prestar toda la atención y cariño que merecen nuestros hijos. Y muchos de los errores que comentemos con nuestros hijos son, en la mayoría de las ocasiones, consecuencia de no disponer de tiempo suficiente para atenderles. 

Pero, no podemos permitir que nuestras circunstancias personales (estrés, ansiedad, el exceso de tareas, problemas en el trabajo, problemas de pareja, el nacimiento de un nuevo hijo, etc.) nos hagan perder el norte y que cometamos el error de herir emocionalmente a nuestro hijos

Qué heridas emocionales podemos causar los padres sobre los hijos

Tenemos que poner todo nuestro cariño para no originar en nuestro niños heridas emocionales. Si un niño ha vivido durante su infancia un problema, conflicto o situación de gran carga emocional, es posible que este hecho le genere una herida emocional. Y, este recuerdo puede arrastrarse hasta la adultez. 

Los niños no deben tener experiencias dolorosas que terminen causándoles heridas emocionales. Por ello, como padres debemos asumir la responsabilidad de criar niños emocionalmente sanos. 

El vínculo afectivo que se establece entre los padres y el hijo durante la infancia es sumamente importante, ya que es la base sobre la cual el niño comienza a construir su “yo”. Por ello, los comportamientos que lo padres dirigen hacia sus hijos y la relación afectiva que establecen con ellos, influye directamente en la manera en la que el niño se va a relacionar con otras personas en el futuro. 

Pero, ¿qué puede originar en los niños heridas emocionales?

- Tener actitudes de rechazo hacia el niño: No aceptar al niños tal y como es. Y, en cambio, mostrar actitudes de rechazo hacia el niño o hacia algún aspecto de sí mismo. El niño crece en un ambiente invalidante en el que no se siente tratado con cariño ni aceptado. Un niño que se siente rechazado por sus progenitores es probable que durante la adolescencia y la adultez no tenga interés por establecer vínculos con otras personas y se muestre huidizo. Es decir, seguramente evitará socializarse.

- No prestar suficiente atención o abandono emocional: Los padres no responden a las necesidades afectivas de los hijos. El niño puede sentirse abandonado. Muchas veces los padres están físicamente al lado del niño pero se muestran ausentes. No le prestan atención. Los niños pasan a ser invisibles para ellos. Estos niños temen estar solos por lo que lo más probable es que se conviertan en adultos con conductas dependientes, es decir, que “necesiten” estar con otras personas para estar bien emocionalmente.

- Humillar al niño en privado y/o en público: Tener actitudes de humillación hacia el niño atenta de manera directa contra su dignidad. Ocasiona que se sienta ansioso, avergonzado e indefenso y, a su vez, favorece que el niño se valore a sí mismo de manera negativa y que adopte una actitud sumisa. 

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