6 Pautas para intervenir con niños con lenguaje ecolálico

Qué hacer cuando el niño tiene un lenguaje repetitivo

Algunos niños con autismo, aunque también puede darse junto a otros trastornos del lenguaje, tienen un lenguaje ecolálico basado en las repeticiones de aquello que escuchan. A menudo, este lenguaje se vuelve poco funcional puesto que acaban repitiendo sin ningún orden aparente algunas palabras, frases o sonidos de aquello que les llama la atención bien por su sonoridad, el uso frecuente de estas palabras o “muletillas” que a veces usamos los adultos en nuestro lenguaje, o simplemente porque en algún momento entendieron que debían de repetir de esta forma la estructura que se le enseñaba.

Puesto que en estos casos nos acabamos dando cuenta de lo poco útil que puede resultar este tipo de usos del lenguaje en nuestros hijos o alumnos, y debido al interés que este tema suscita, he decidido dejaros algunas pautas para intervenir con niños con lenguaje ecolálico: como intervenir, y como fomentar el lenguaje práctico y funcional.

Cómo intervenir con niños con lenguaje ecolálico

Ejercicios para los niños con autismo y con lenguaje ecolálico

Consejos prácticos para trabajar con niños que tienen ecolalias son:

1- Usa un estilo consistente con el idioma, esto es, no le hables al niño en otro idioma que no sea el propio que se usa en la mayoría de los contextos. Puede parecer una broma, pero a menudo me encuentro con niños ecolálicos que repiten frases en inglés u otros idiomas. Esto en muchas ocasiones no es porque se les enseñe en inglés, pero las tablets, juegos de ordenador, series de televisión y canciones, aunque parezcan útiles por encima de todo, en este caso no lo son (quítales el sonido, o busca otro juego que no esté en otro idioma).

2- Usa gestos y expresiones faciales simples. Si acompañas a la palabra con gestos naturales o signos simples, el niño pronto podrá evocar o recordar la palabra que estás intentando que diga sin la necesidad de demasiada ayuda. Por ejemplo, si le haces el signo de comer, en otra posible frase más adelante el niño podrá recordar mejor la palabra si necesidad de que la digas; le será suficiente el gesto (y este podrás ir retirándolo poco a poco).

3- Sé específico y directo. Lo más correcto es hablar con frases sencillas en primera persona (como si hablara el niño) y no más de una palabra de las que pueda decir el niño en ese momento. Por ejemplo, si el niño ya conoce y usa estructuras de dos elementos como “quiero coche”, usa estructuras similares aumentando muy levemente la complejidad como “quiero coche azul”. Ante esta frase, dáselo cuando lo repita. Así enseñamos a usar correctamente las estructuras propias de nuestro idioma.

4- Desglosa las tareas en partes más simples para explicarlas y dale un tiempo de reacción. A veces, los niños con ecolalias tienden a repetir todo; si usamos frases largas repetirán solo la última parte que hemos dicho. Así pues, usa frases cortas para explicar cosas más largas. Di cosas como “cojo la pasta”, “hecho la pasta en el cepillo”, “me lavo los dientes” y no uses estructuras como “coge la pasta de dientes, échala en el cepillo y lávate los dientes” puesto que con mucha seguridad repetirá “lávate los dientes” y esto, no es funcional ni coherente.

5- Si estás pensando en enseñarle a hacer preguntas, párate, y piénsalo. ¿Qué necesidad tenemos de que haga preguntas? Con mucha frecuencia, el niño usará estas preguntas para pedir. Si le dices ¿quieres agua? cada vez que crees que él la quiere, con mucha probabilidad el niño repetirá “¿quieres agua?” para pedirla pues ha entendido que se debe pedir así. Primero usa más tiempo en enseñarle a pedir lo que es de su motivación o necesidad. Ya habrá tiempo de enseñar a preguntar. Aún así, si le haces alguna pregunta y te acuerdas de este consejo, dale una respuesta rápida para que el pueda coger el modelo más correcto. Por ejemplo, dile “no” moviendo la cabeza para que el pueda responderte “no” a la pregunta si crees que será con certeza lo que el querría responderte.

6- Emplea un sistema de agenda visual para ayudar a niños con TEA a anticipar actividades y eventos, especialmente cambios inesperados de rutinas.  Y para mejorar su autonomía, secuenciando por pasos las diferentes rutinas de la vida diaria (baño, vestido, comida, dormir, etc.). Todas estas estrategias, además de aportar tranquilidad al niño al hacer de su entorno un mundo más previsible, nos pueden valer también para verbalizar con ayuda de los apoyos, las diferentes actividades (“Ahora lavar los dientes”).

Por lo demás, usa el sentido común que a menudo es igual de útil que mil prácticas, videos y libros. 

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