Por qué el deporte evita conductas de riesgo en los niños

Utiliza el deporte para asegurarte de que tu hijo no caerá en conductas de riesgo

El deporte enseña buenos hábitos a los niños en dos niveles: buenos hábitos a nivel físico y buenos hábitos a nivel educativo. Los buenos hábitos educativos no solo inculcan a los niños valores esenciales, sino que también les ayudan a mantener un estilo de vida sano que les aparta de conductas de riesgo. 

Te explicamos por qué el deporte es tan bueno para evitar conductas de riesgo en los niños. Además de aportales, claro, muchísimos beneficios a nivel físico y emocional.

Qué buenos hábitos físicos y educativos transmite el deporte a los niños

Por qué el deporte evita conductas de riesgo en los niños

El deporte inculca en los niños buenos hábitos sociales y educativos: 

- Le enseña buenos modales (a dar las gracias, a ayudar a los amigos, a felicitar al contrario cuando gana).

- Le enseña valores esenciales (a respetar al contrario, a ser humilde, a esforzarse y perseverar...).

Pero además el deporte enseña a los niños hábitos que van a ayudarles a escapar de algunas conductas de riesgo. Por ejemplo, el deporte enseña a los niños todo esto: 

- A llevar una vida sana.

- A ser responsable.

- A cuidar el sueño.

- A tener una alimentación sana y equilibrada. 

Recuerda siempre que el deporte debe ser una afición, nunca una obligación para los niños. Si el niño se divierte haciendo deporte, aprenderá todos estos hábitos saludables de forma natural y disfrutará con ello, de tal forma, que él mismo rechazará todos esos otros 'hábitos' o conductas de riesgo que nos on compatibles con su afición deportiva. 

Por qué el deporte evita conductas de riesgo en los niños

Siempre se asocia diversión en la etapa de adolescencia con 'salir de marcha', 'trasnochar', 'beber'. Son conductas de riesgo, que pueden 'transformar' la conducta de nuestro hijo. Pero, ¿Qué sucede si nuestro hijo practica un deporte y se divierte con él? Si tu hijo desde pequeño practica un deporte y disfruta con él, cuando llegue a la adolescencia y se le plantee esta otra 'forma de diversión', la rechazará, porque no es compatible con el deporte con el que tanto disfruta. Es decir, que los hábitos del deporte son opuestos a los hábitos de las conductas de riesgo. 

Además, los niños que practican un deporte, suelen tener amistades que comparten su misma afición, y podrá tener con ellos otra serie de conductas más afines a sus intereses. 

Fuente: Francisco Castaño. Maestro y autor del libro 'La mejor medalla: su educación'.

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