Debemos respetar el diferente nivel de saciedad en los niños

La necesidad nutricional de cada niño para una misma edad es diferente

Las necesidades nutricionales de los adultos tenemos claro que son individuales. A nadie se le ocurre que todas las mujeres que tengan la misma edad tengan que comer lo mismo, pero sin embargo, para los niños parece que aplicamos un patrón diferente, y nos parece normal que todos los niños de la misma edad, sean cuales sean sus condiciones, necesitan la misma cantidad de comida. 

En Guiainfantil.com te contamos por qué hay un diferente nivel de saciedad en los niños y cómo podemos conocer las necesidades de cada uno.

Debemos respetar el diferente nivel de saciedad en los niños

La saciedad en los niños

Los niños, al igual que los adultos, tienen necesidades nutricionales que varían de un niño a otro. Esto se traduce en un diferente nivel de saciedad en los niños, aunque la base de este nivel de saciedad está en sus necesidades nutricionales o energéticas totales. Debemos tener en cuenta:

- El cuerpo necesita una cantidad de calorías mínimas diarias para mantener los órganos en funcionamiento. Esto se conoce como necesidades o requerimientos basales y son las calorías que el cuerpo necesita para estar en reposo. Aunque puede haber metabolismos basales más lentos y más rápidos, podría decirse que este número es relativamente constante, por lo que puede generalizarse y aplicarse a la gran mayoría de los niños. 

- A las necesidades basales hay que sumarles lo que el organismo gasta en la actividad física diaria, y aquí, evidentemente, cada niño es diferente. Es más, no solo cada niño tiene un nivel de actividad física diferente, sino que también su metabolismo, más lento o más rápido de lo que se considera normal, afecta de manera contundente, por lo que, ante un mismo plato de comida, es normal que un niño pueda llenarse antes que otro. 

- A las necesidades calóricas totales del niño también pueden afectarle factores ocasionales, como pueden ser la temperatura ambiental, ya que se necesita una energía extra para regular la temperatura corporal en función de la temperatura exterior y cómo de abrigado/desabrigado vaya el niño, o las enfermedades, ya que cuando el niño está enfermo o con fiebre, los órganos pueden tener más dificultad para funcionar, para mantener la temperatura corporal y/o para combatir el origen de la infección. Cualquier mínima alteración de la salud puede requerir un aporte energético extra, aunque normalmente el niño enfermo está también más inactivo, por lo que puede traducirse en un consumo de comida inferior a lo habitual. 

Es nuestra tarea, como padres, respetar sus decisiones y dejar que aprenda a escuchar las señales de saciedad que su cuerpo le envía, porque si no lo hacemos y le incitamos a terminarse el plato, o a comer una cucharadita más, estamos, desde nuestra posición de poder –el niño se fía de que sus papás saben lo que le conviene y sigue sus indicaciones- sugiriéndole que esas señales no son válidas. Si un niño aprende a ignorar las señales de saciedad, es más probable que termine comiendo de más, y cada vez más, a diario.

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