La leche no aumenta los mocos en los niños

La verdad sobre los lácteos y el aumento de mucosidad en niños

Tradicionalmente se ha relacionado a la leche y los productos lácteos con una producción de mucosidad y flemas en exceso. Es una creencia se ha mantenido durante generaciones y que, sobre todo en la infancia y cuando el niño encadena un proceso respiratorio con otro, puede afectar seriamente a su correcta alimentación. Pero, ¿qué hay de cierto en ello? ¿la leche aumenta los mocos en los niños?

El riesgo de eliminar los lácteos de la dieta de los niños

La relación entre la leche y el aumento de mocos en niños

Eliminar la leche y los productos lácteos de la dieta del niño - sin indicación médica- pone de manifiesto la necesidad de aportar sus micronutrientes mediante otras fuentes. De manera natural, la leche proporciona, entre otros, proteínas de alta calidad, calcio y vitamina D.

El calcio se absorbe mejor en presencia de lactosa, el azúcar de la leche, de vitamina D - que favorece la absorción a nivel intestinal de calcio y su reabsorción a nivel renal - y de una determinada proporción de calcio y fósforo, o lo que es lo mismo, la máxima absorción de calcio se consigue a partir de la leche y los productos lácteos, haciéndolos ideales durante la infancia y la adolescencia, ayudando a fortalecer los huesos y a su constante crecimiento.

Un riesgo aun mayor para la salud, supone eliminar totalmente la leche de la dieta de un lactante, ofrecer leche de fórmula más aguada o limitar las tomas de lactancia materna y/o cambiarlas por agua, infusiones o zumos.

La relación entre la leche y el aumento de mocos en los niños

Los motivos para, erróneamente, atribuir a los lácteos la cualidad de aumentar los mocos en los niños, cuando no existe evidencia científica que pueda probar su relación son más bien un mito que una realidad.

Sin embargo, la mucosidad constante o una nariz taponada pueden ser uno de los síntomas de la alergia a la leche. Aunque no se trata del síntoma más frecuente (los síntomas gastrointestinales, diarreas y calambres estomacales son mucho más frecuentes), es mejor descartar que este sea el caso cuando se observe una correlación entre la densidad del moco y la ingesta de leche.

También se ha atribuido a la leche un efecto negativo sobre los síntomas respiratorios causados por el asma. En caso de que el niño padezca esta enfermedad y sus síntomas empeoren, puede ser también conveniente descartar una alergia a la proteína láctea, ya que, de nuevo, aunque no sea el síntoma principal, pueden estar intrínsecamente relacionados.

Los estudios más recientes, realizados en varios países, demuestran que ni la leche ni los productos lácteos aumentan la congestión nasal. Sin embargo, el hecho de que esta creencia, que atribuye un efecto negativo sobre la mucosidad al consumo de leche y productos lácteos, esté tan extendida, hace muy difícil conseguir resultados fiables. Los adultos que observan al niño participante en el estudio están directamente influenciados propias sus creencias y esto influye en sus observaciones.  

Tal y como recomiendan los expertos, lo más importante durante un proceso infeccioso que discurra con mucosidad, es ofrecer líquidos, agua principalmente, aunque la leche es igualmente apta si se desea, al menos, hasta que la evidencia científica muestre lo contrario.

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