La estimulación en niños con discapacidad

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Los niños, de edades comprendidas entre los 2 y los 5 años, se convierten en grandes descubridores, ansiosos por investigar, tocar, oler, morder… en busca de nuevas sensaciones; coincidiendo con la etapa de mayor plasticidad neuronal donde las conexiones se recuperan con mayor facilidad surgiendo así nuevas capacidades.

Una estimulación, es fundamental para el desarrollo de niños con discapacidad. Algunos padres ante la discapacidad física de su hijo, pueden pensar que no hay forma de desarrollar esta estimulación que el resto de niños consigue a través del movimiento y el juego. En Guiainfantil.com te demostramos que sí es posible.

Cómo estimular a niños con discapacidad

Cómo estimular a niños discapacitados

Es importante para los niños, con y sin discapacidad, la exploración del entorno. Una exploración que a veces se ve frenada por dos motivos: 
- Las condiciones físicas consecuentes de una discapacidad
- La precaución de los padres por temor a un posible daño, lo que promueve, en algunos casos, un cuidado excesivo con el niño.

Sin embargo, la estimulación del niño con discapacidad fomentará, el aumento de capacidad motora e intelectual así como la normalización de la discapacidad a través de su propia estimulación.

En este aspecto, puede que un niño, por ejemplo con parálisis cerebral, a los 3 años aún no haya iniciado el gateo, pero posiblemente si lo ponen en el suelo con un juguete que le atraiga a una cierta distancia, el niño buscará la manera de alcanzar  ese juguete, ya sea arrastrándose o doblándose sobre sí mismo.  

Sin darnos cuenta, el pequeño estará explorando el entorno, descubriendo nuevas formas de moverse, nuevas texturas, posturas, movimientos… como un niño más, puesto que le  debemos dar tiempo y recursos a la par, lo cual aumentará su autoestima, así como la posibilidad de generalizar estos movimientos hacia otras cosas. 

Un movimiento que por supuesto se debe estimular en un entorno controlado y conocido, donde los padres disminuyan sus temores pero que, a la vez, el niño pueda dejar ir sus deseos de explorar. Por ejemplo, si vamos al parque no debemos temer que se ensucie si se sienta en la arena como un niño más, debemos pensar que el temor a ensuciarse, no debe ir en contra de la estimulación para el pequeño. Su contacto con la arena hace trabajar la manipulación a la vez que favorece la capacidad creativa a través del juego con los elementos que utiliza en ese espacio, sin obviar la comunicación que se establezca con  el resto de niños.

El juego estimula las capacidades de los niños con discapacidad

Un simple juego puede representar una cadena de acciones a favor del crecimiento de las capacidades intelectuales y físicas. Mi experiencia como persona con parálisis cerebral me ha demostrado que, a partir del juego, se puede desarrollar capacidades motoras que se ven enlentecidas por la lesión cerebral.

He sentido como a través de una simple pelota se puede pasar del gateo a iniciar la marcha de rodillas, mediante el deseo que conlleva encestar la pelota en una canasta cada vez más alta, una acción inconsciente que puede facilitar el proceso de movimiento hacia la postura de arrodillarse partiendo del gateo.

Con esta anécdota, he querido reflejar la importancia de la estimulación en la evolución, la capacidad por descubrir basada en lo más innato. Esa curiosidad y las ganas por ir un poquito más allá favorecen experiencias y crecimiento, dado que el hecho de tener dificultades por hacer las cosas no debe impedirnos  hacerlas.

El cazo de Lorenzo. Discapacidad infantil

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