Dar a luz, ¿en casa o en el hospital?

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La muerte de la australiana Caroline Lovell, abanderada del parto en casa, al dar a luz a su segunda hija en su domicilio a causa de un paro cardiaco es una paradoja de la vida, de esas que llaman mucho la atención y que cuando te enteras de algo así, un escalofrío te recorre todo el cuerpo por dentro. La niña afortunadamente sobrevivió al parto, pero este caso reabre el debate sobre la seguridad de los partos fuera de las maternidades en clínicas y hospitales. 

El parto en casa o en el hospital: seguridad para la mamá y su bebé

Dar a luz en casa o en el hospital

Al pensar en dar en cómo iba a dar a luz a mis hijos, nunca he dudado en ponerme en las mejores manos, las que puede ofrecer un sistema médico de salud, que ante cualquier imprevisto, pueda actuar de manera acelerada para salvar la vida de la madre en el parto o del bebé recién nacido. 

Sin embargo, no todas las mujeres pensamos igual y eso hay que respetarlo. Recuerdo que cuando estaba embarazada de mi primer hijo, una de mis amigas, la más cercana en aquel momento, se quedó embarazada también y nos llevábamos una diferencia de un mes en el desarrollo del embarazo. Su compañía, afinidad y complicidad durante la gestación fue una experiencia muy enriquecedora para mi que, como embarazada y primeriza, me reconfortaba enormemente. 

Su mayor deseo durante toda la gestación era dar a luz en su casa, para proporcionar a su bebé un ambiente tranquilo en el momento del nacimiento, con luz tenue, en la más absoluta intimidad y tan sólo acompañada por su marido y la matrona que iba a acudir a atenderla. Obsesionada con aquella idea, que había puesto los pelos de punta al padre de su marido, que era médico, y al resto de la familia, acudió a charlas y conferencias sobre esta práctica durante todo el embarazo.

Finalmente, llegado el noveno mes de embarazo, su bebé estaba de nalgas y no se giraba. Ella no perdía la esperanza, ya que, a veces, en el último momento, los bebés se dan la vuelta para nacer y se colocan en posición cefálica, pero éste no fue el caso. Su hijo estaba muy a gusto sentadito en su útero materno y finalmente tuvo que acudir al hospital para traer al mundo a su bebé.

Para toda su familia y sus amigos el desenlace fue un alivio. La asistencia de una matrona en el nacimiento es suficiente, si todo va bien, cuando el parto es natural y no surgen complicaciones. Pero, si algo se complica, hay que trasladar a la madre y al bebé urgentemente al hospital, y a veces, no se llega tiempo para salvar la vida.  

Caroline Lovell fue una firme activista del parto en casa y llevó su lucha hasta las más altas instancias de Gobierno para solicitar medios y ayuda para instalar este tipo de nacimientos en los domicilios de las mujeres. Ella misma estaba convencida, como escribió en una de sus cartas, de que “la vida estará en peligro sin la ayuda de matronas adecuadas por parte del Estado” y lamentaba que, como madre, no iba “a tener más remedio que tener un parto sin asistencia en el hogar”.

Marisol Nuevo.

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