¿Se trata igual a un hijo biológico que a un hijo adoptado?

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Tal vez nos recuerde a la madrastra protagonista del cuento de la Cenicienta. Esa terrible madre que trataba su 'hijastra' con crueldad frente a sus dos hijas biológicas. Pero quizás lo que entonces nos parecía un cuento sea más real de lo que imaginamos. Aunque cueste creerlo. 

La pregunta es: ¿se trata de igual forma a un hijo biológico que a uno adoptado? ¿Y aun hijo biológico que a un hijo de acogida? ¿Y al hijo de nuestra pareja actual? 

Un experimento muestra las diferencias de trato entre hijos

Madre con hijos en restaurante

Para comprobar qué opina la gente sobre este tema, se hizo un experimento. En este caso, se utilizaron actores, aunque la escena podría ocurrir en cualquier momento y lugar de forma más sutil, sin que apenas nos percatemos de ello.

Pongámonos en situación: los protagonistas de esta historia concreta son una madre con su hija biológica y un niño de acogida. Acuden a un restaurante. La madre comienza a tratar de forma muy diferente al niño de acogida. ¿Quieres saber qué ocurre?

Evidentemente, la escena recrea una situación límite, muy llamativa, en donde queda clara la desigualdad de trato entre ambos niños. La madre maltrata psicológicamente al pequeño. Le llega a decir que sólo está con ella por dinero y que nunca será su hijo de verdad... Pero esto no hace más que alertar sobre algo que existe y que se da en muchas familias. No sólo en parejas que educan a niños biológicos y adoptados, sino también en aquellas familias de parejas con hijos que en su día se separaron y volvieron a formar otra familia. 

La pregunta en todos estos casos sería: ¿se trata por igual a todos los hijos? ¿Tratamos mejor a unos que a otros? ¿Tenemos en cuenta si son hijos biológicos, son hijos de acogida o hijos que llegaron con nuestra nueva pareja? 

La respuesta de la última persona que asistió a esta escena ficticia tal vez sirva para darnos una pista: el trabajo de todo padre y toda madre es hacer sentir a los hijos cuidados, seguros y amados. Independientemente de quién sea cada uno de ellos. Independientemente de su procedencia. Y por supuesto, no hacer sentir a ninguno de los hijos que es menos que el otro. 

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