6 mentiras que los padres contamos a nuestros hijos

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Nadie se libra, ni siquiera el padre o la madre más sincero. Todos los padres hemos dicho alguna mentirijilla a nuestros hijos alguna vez. Mentimos a los niños para protegerles, porque desconocemos la respuesta, porque preferimos que desconozcan ciertas verdades por el momento o porque nos han puesto en algún aprieto.

Si somos sinceros con nosotros mismos seguro que nos damos cuenta de que algunas mentiras son prescindibles pero otras son preferibles a la cruda verdad. De esas vamos a tratar en este blog.

6 mentirijillas que decimos a los niños

Mentiras de los padres a los hijos 

Hay mentiras que no podemos evitar, y si lo hiciéramos se desencadenaría una pequeña tragedia, ¿imaginas cuales?

1 - ¡Qué dibujo tan bonito!: también es aplicable a una manualidad o cualquier cosa que hayan elaborado con cariño con sus pequeñas manitas. A ver quién es el guapo que se atreve a decirle al niño que esos cuatro garabatos no son bonitos cuando viene a enseñarlo con su carita llena de ilusión.

2 - Es hora de irse a dormir: en ocasiones la hora de mandar a los niños a la cama tiene una relación directamente proporcional a nuestro agotamiento. Cuando ya no podemos más y ante el desconocimiento de la hora que es de muchos niños, decidimos cuándo es el momento de dormir, lo sea o no.

3 - Está cerrado: si no nos apetece ir a la piscina, al zoo o a la tienda de juguetes no hay más escapatoria. Argumentar sería inútil.

4 - O te alejas de la televisión o te quedarás ciego: hoy en día también lo decimos cuando se pegan a la nariz la tablet o el smartphone y es que ante la manía de los niños de comerse la televisión aunque sea de 80 pulgadas, no queda otra que la mentirijilla de los padres amenazando con la ceguera.

5 - Está buenísimo, tienes que probarlo: puede que jamás comamos nosotros un plato de judías verdes o de higadillos y que su olor nos repela, pero a los niños les tenemos que decir que están exquisitos.

6 - Si te pones bizco te vas a quedar así: también es aplicable a las muecas varias que tanto gustan a los niños a la manía de hacer sonar sus huesos o de hacer torsiones con el cuerpo.

Si lo piensas, la lista de mentiras que contamos a los niños a lo largo de la infancia es interminable: el ratón Pérez, la cigüeña, las vitaminas del zumo... Deberíamos plantearnos pues, si las mentiras que nos cuentan ellos también son piadosas, para protegernos, porque no saben la respuesta o porque les hemos puesto en algún aprieto, ¿no crees?

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