Cómo educar en la igualdad para prevenir la violencia de género

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Mi hija está en plena adolescencia y un día de estos la escuché hablando con una amiga por teléfono, lamentando sobre algo que había ocurrido a su amiga. Al terminar su conversación, ella vino a mí asustada, me abrazó y dijo: ‘mamá, la madre de María ha muerto y ha sido su novio que la mató’. Ufffff... en este momento pensé ‘¿por qué, en los tiempos que vivimos, tengo que hablar con mi pequeña sobre eso?’ Por otro lado, me invadió un enorme dolor por lo sucedido.

Proyecto para educar en la igualdad de sexos

Niños juntos

Pasado el mal trago, he aprovechado la situación para hablar con mi niña, hacerle comprender que eso no está bien y que existen formas para prevenir la violencia. Y resulta que existe un proyecto ('Escuela de Filósofos') elaborado por el Colegio Brains, en colaboración con Instituto de la Mujer, para educar en la igualdad de sexos, como forma de prevenir la violencia. El proyecto está orientado a alumnos de distintas edades, desde los 5 hasta los 12 años.

El proyecto sugiere un decálogo de prácticas que pueden servir para educar a los más pequeños en la equivalencia y evitar la violencia:

1. Observar y escuchar a los niños. Detenernos a escuchar qué conceptos manejan respecto a los géneros y qué actitudes tienen cuando se relacionan con sus iguales, para saber a qué nos enfrentamos.

2. Destruir los prejuicios entre los niños. Cuando afirman algo categóricamente hay que responder con una pregunta: ¿por qué? Al tratar de razonar el prejuicio, éste acaba autodestruyéndose.

3. Pulir las ideas válidas que tengan los niños. Debemos ajustar sus afirmaciones y sus comportamientos. Además, debemos hacerles comprender que las generalizaciones inducen a error.

4. Implicar a los niños y niñas en las labores del hogar. Asignarles responsabilidades o actividades cotidianas que tradicionalmente han sido consideradas "cosas de mujeres" o "cosas de hombres".

5. Compartir la información (del colegio, el entorno laboral, de los medios…). Poner en común la información  que llega a nuestros hogares. Esto genera, primero, un hábito de conversación, un punto de encuentro diario para los integrantes de la familia. Además, contrastar las opiniones de todos invita a la escucha atenta y nutre la capacidad crítica. Nos ayuda a entender cómo son, qué ven, qué piensan y cómo se sienten.

6. Ser valientes y comprender nuestras propias limitaciones en cuanto a género. Hemos sido educados en una sociedad que, igual que hoy, pretendía asignar un rol a cada sexo. Tenemos que reaprender algunos hábitos machistas, y para eso tenemos que mirarnos con ojo crítico.

7. Limitar el acceso de los niños a estímulos nocivos. Diseñar un acceso sensato a los contenidos televisivos y tutorizarlo. Debemos procurar que el momento de la televisión lo compartan con nosotros, y tenemos que responder a cualquier pregunta que les surja respecto a aquello que están viendo, incluidas las “incómodas” preguntas sobre sexualidad o relaciones entre hombres y mujeres.

8. Jugar con los niños los juegos universales. Los juegos tradicionales que compartíamos niños y niñas, juegos que no necesitan herramientas, ni roles definidos. Pensamos, por ejemplo, en el pañuelo, la gallinita ciega, el rescate..., encuentros fundamentalmente divertidos que no entienden de géneros ni pasan de moda.

9. Dar ejemplo a los niños es esencial. Ellos nos observan como ávidos espectadores, repiten nuestras palabras e imitan nuestros comportamientos. Ven cómo nos relacionamos con ellos, con nuestra pareja, con nosotros mismos, con el entorno familiar y con la sociedad. Los patrones de comportamiento se heredan, y no es sencillo desligarse de esta influencia familiar. Evitemos roles, tópicos, lugares comunes respecto al género, y dejemos que vayan creando sus propias opiniones desde el respeto y la empatía por lo diferente.

10. Vigilar y no perder de vista que el camino del aprendizaje no se acaba. No nos acomodemos, ni caigamos en el "buenísimo" Para enseñar hábitos, debemos aprender a ser, como decía Aristóteles, nuestra mejor versión posible. Esa es la felicidad. Y para alcanzarla tenemos que desaprender, criticarnos, ver y comprender la realidad de nuestro entorno y cambiar lo que no funciona. Y hoy, el papel que se le ha asignado a la mujer no funciona, y nos corresponde enmendarlo. Esta es una oportunidad única para cambiar definitivamente las cosas.

Dibujos de la paz y el amor para pintar con niños

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