Por qué hay que evitar gritar a nuestros hijos

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Hasta la persona más paciente, tranquila y calmada ha perdido en algún momento los nervios ante una mala conducta infantil y se ha descubierto gritando a sus hijos para reprenderles. Somos humanos, mortales e imperfectos y, por muy bien que intentemos hacer las cosas, a veces nos equivocamos. Supongo que a nadie le gusta enfadarse y gritar a sus hijos, pero qué ocurre cuando este comportamiento es constante y se educa a los hijos a base de gritos y malos modos.

Consecuencias de gritar a nuestros hijos para educarles

Gritar a los hijos

Ayer llevé a mis hijos a natación y en el vestuario, mientras los padres vestíamos a los niños, una madre gritaba sin parar a su hijo por cualquier motivo: porque se le caía el calcetín, porque no colaboraba para vestirse, porque se agarraba a ella con fuerza... Todo era motivo de gritos, el resto de padres nos mirábamos entre escandalizados y apenados. Quizás esa mamá tuvo un mal día, quizás el niño llevaba todo el día portándose mal, o quizás, lamentablemente era su manera de tratarle.

En algunas ocasiones los padres aplicamos modelos educativos heredados de nuestros padres. Y, si a algunos de ellos les trataron con mano de hierro, emplean la misma estrategia y no entienden que el trato y la educación de los hijos pueda ser de otra manera. En otras ocasiones el estrés o la frustración de los padres acaban pagándolo los más débiles, los niños.

Sin embargo, todos los pedagogos y psicólogos infantiles están de acuerdo en este punto: para conseguir que el niño obedezca y tenga un buen comportamiento, no hace falta humillarle, gritarle o emplear la violencia verbal. 

¿Qué ocurrirá si gritamos constantemente a nuestros hijos para regañarles?:

- Puede que elevar el tono en algún momento determinado cause su efecto, pero si esto es constante, el niño se acostumbrará, los gritos no tendrán el efecto que el padre pretende y pasará de ejercer la autoridad con sus hijos al autoritarismo.

- El constante empleo del grito puede conllevar al deterioro de la autoestima del niño, que no se sentirá valorado o querido por sus padres o, por el contrario, puede convertirse en un rebelde, desafiando la autoridad constantemente.

- Los padres somos ejemplo para los hijos, una conducta agresiva tendrá un impacto directo sobre el niño, que adoptará este comportamiento y se acostumbrará también a gritar y a tener conductas agresivas. Luego las empleará con los amigos, conocidos o incluso contra los padres.

- Sólo causará un estado de nervios y estrés en el niño que no será nada beneficioso para su desarrollo.

Y ahora, párate y piensa, ¿eres de los que grita mucho o demasiado a tus hijos? Quizás sea momento para intentar otro camino, y puede que te des cuenta de que es mucho más efectivo.

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