Las hijas de madres estrictas tendrán más éxito

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Existen madres de muchos tipos: madres protectoras, madres regañonas, madres más blanditas y otras más... 'sargento'. Y evidentemente, todos los niños escogerían sin dudar a la madre blandita y bonachona, que nunca regaña y siempre perdona. Pero tal vez no sea la mejor madre, al menos, de cara al futuro de sus hijos. 

Un estudio acaba de demostrar que de las madres más exigentes y duras... nacen hijos más exitosos. Te explicamos por qué.

De madres insoportables, hijas con más éxito

Madres que regañan tienen hijas con más éxito

Todos los niños temen a las madres que regañan constantemente, que exigen mucho y que incluso, no se lo piensan dos veces a la hora de castigar y de cumplir el castigo al pie de la letra. Sin embargo, ellos aún no saben que gracias a esas madres, cuando crezcan, tendrán mucha más facilidad para lograr el éxito en cualquier reto que se planteen. 

Esto último ha sido demostrado por un estudio, efectuado por psicólogos de la Universidad de Essex, en Inglaterra.  Se analizó la evolución de más de 15.000 niñas de entre 13 y 14 años, durante seis años. Es decir, hasta que cumplieron 20 años. Y sí, todas niñas. 

El estudio descubrió que la mayoría de niñas que habían tenido una madre estricta, habían logrado entrar en las mejores universidades y consiguieron un puesto de trabajo antes incluso de terminar los estudios. Un trabajo con un buen sueldo. Además, de entre todas las niñas analizadas, las que habían tenido madres estrictas, presentaron menos posibilidades de quedar embarazadas durante la adolescencia, ya que se centraron más en los estudios.

3 razones de por qué qué los padres deben poner límites a los niños

Está muy bien dejar libertad a los hijos, sí, pero hasta cierto punto. Los límites son necesarios cuando uno está aprendiendo. Es como si de repente quisieras aprender a ser pastelero y nadie te dijera cómo hacerlo, ni por qué no debes pasarte con las cantidades... o por qué no debes hacer cosas que te encantaría hacer... pero que tendría consecuencias terribles. Los límites, por tanto, son necesarios. ¿Las razones? 

1. Los niños tienen derechos, pero también obligaciones. Respetar las normas les ayuda a entender esto. Y de paso, a ejercitar el valor del respeto hacia los padres

2. Les ayuda a ser más disciplinados. El libre albedrío trae sin duda el caos. Para organizarse, un niño necesita alguien que le guíe, que le marque una disciplina y un camino. 

3. Les ayuda a cambiar una conducta que no les beneficia. Nadie nace sabiendo lo que está bien y lo que está mal. Son los padres quienes tienen la responsabilidad de indicar al niño qué está permitido y qué cosas no lo están. Los límites marcan esa fina barrera que no deben rebasar. Y aunque les cueste entenderlo, con el tiempo entenderán que al final los límites, no se marcan para fastidiarle y hacerle más complicado el camino, sino para que no se salga de él y consiga llegar a la meta sin problemas.

Recordemos que los límites deben ser equilibrados y justos. Todo, en exceso, es malo. Tampoco demasiados límites beneficia a un niño. En el justo medio, está la virtud. 

 

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