Cuando al niño no le gusta una asignatura escolar

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Que un niño de tres o cuatro años no quiera ir al colegio puede ser bastante habitual. Pero cuando el niño no quiere ir sólo un día en concreto, te hace sospechar. 

Resulta que mi hijo comenzó a decir que no quería ir al colegio los miércoles. Sólo los miércoles. No quería explicar por qué. Pero la noche anterior, no podía dormir. Tenía pesadillas y lloraba desconsolado por la mañana. ¿Pero por qué no quería ir sólo ese día? Y me di cuenta de que era el único día en el que tenía una asignatura que impartía una profesora en concreto, disciplinada y de carácter fuerte. Mi hijo empezaba a odiar su asignatura, porque la profesora le daba pánico. 

Qué hacer si al niño no le gusta un profesor

niño llora en pupitre

Puede ser el inglés, las matemáticas, la religión ... puede ser cualquier asignatura. Si a un niño no le gusta estudiar algo en concreto, puede ser por dos causas: 

- Que no le guste la persona que imparte la asignatura o cómo se está impartiendo. 

- Que no le gusten los conocimientos que imparte esa asignatura. 

En ambos casos, lo más conveniente es hablar con el profesor que imparte la asignatura. Preguntarle si el niño se muestra indiferente en clase, si se despista con facilidad, o si se muestra reticente a participar. Intentar encontrar el porqué se da ese rechazo. Es bueno explicarle al profesor cómo es el niño, qué funciona y qué no funciona con él. Luego dependerá mucho de la actitud del profesor: si es receptivo a las sugerencias de los padres o si se cierra de forma enérgica ante cualquier comentario. 

En mi caso, la única respuesta que conseguí de la profesora de aires marciales fue un 'pues cambiale de asignatura'. 

Cuando al niño no le gusta una asignatura

También se puede dar el caso de que el niño adore al profesor pero odie la asignatura. ¿A quién no le ha ocurrido con las matemáticas, la física, la química o incluso la gimnasia? Hay asignaturas que exigen razonamiento, un mayor esfuerzo o ciertas destrezas. Y hay niños que desarrollan ciertas capacidades antes que otros. Por eso, los niños más exigentes pueden sentirse 'frustrados' y rechazar aquella asignatura en donde no son capaces de sobresalir. 

En este caso, lo que debemos hacer es intentar potenciar esos conocimientos de otra forma. Se puede aprender algo concreto de muchas formas diferentes. Si una no funciona ¿por qué no intentar otro camino? Por ejemplo, en el caso del inglés, tal vez al niño no le guste permanecer sentado en su pupitre mientras escucha la misma frase una y otra vez, o el tener que salir delante de todos a intentar expresarse con mayor o menor acierto. Pero si le ofreces esa misma asignatura en una clase de teatro, o mediante canciones, el niño se encontrará más a gusto y terminará por sentirse atraído por esa misma asignatura que antes rechazaba. La clave está en atraer el interés del niño. Crear ilusión. Y es que, cualquier conocimiento nuevo, bien explicado, no tiene por qué ser aburrido. 

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