Escuchar quejas constantes es malo para el cerebro de los niños

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Seguro que conoces a esa persona que constantemente se queja por todo: sus hijos se portan mal, sus amigos no le escuchan, sus jefes no le consideran, su médico no le hace caso, el autobús llega tarde, hace frío, hace calor...

Es agotador escuchar a esas personas que se quejan todo el día por todo. Incluso cuando no hay nada por lo que quejarse, siempre encuentran una razón para hacerlo. Solemos huir de ellos, y tiene una explicación científica: la exposición a las personas negativas perjudica la función cerebral, lo aletargan y "atontan". Esto implica también a los niños, por lo que si andas quejándote por todo delante de ellos, lee esto y después reflexiona. 

Exponerse a las quejas repetidas es malo para el cerebro

Personas que se quedan demasiado

Trevor Blake explica en "Three simple steps: a map to success in business and life", que los neurocientíficos han aprendido a medir la actividad en el cerebro cuando este se enfrenta a determinados estímulos, incluidas las constantes quejas

Blake explica que el cerebro funciona como un músculo por lo que si los niños están rodeados de personas negativas y tóxicas, que se quejan constantemente, tenderán a repetir esta conducta. 

Es más, la investigación realizada por el autor demuestra que cuando alguien, ya sea adulto o niño se expone demasiado a las quejas puede quedar "atontado".

Tan sólo 30 minutos junto a alguien negativo o incluso viendo un programa de televisón con este tipo de contenido, hace que el cerebro pierda la capacidad que necesita para resolver un problema. 

Por qué hay adultos y niños tan quejicas

En nuestro día a día encontraremos mil motivos para quejarnos, sin embargo, estas quejas lanzadas al aire son inútiles, entonces, ¿por qué lo hacen?

- Insatisfacción: tras las quejas por que llueve o porque hace calor se esconde una profunda queja ante su vida, son personas que no encuentran el lado bueno de las cosas.

- Falta de empatía: son personas que sienten ser el centro del universo, que necesitan y merecen más cosas que los demás y no son capaces de ponerse en el lugar del otro.

- Costumbre: los niños muy quejicas suelen ser hijos de padres que se quejan por todo. Asumen que lamentarse forma parte del día a día, es una manía más.

Cómo evitar a las personas que se quejan constantemente

Para evitar que esas quejas dañen al cerebro de los niños, les "atonten" e incluso les conviertan en niños quejicas, debemos enseñarles a defenderse y alejarse de ese tipo de personas, ¿cómo? Trevor Blake nos da unas pistas: 

- Tomar distancia: es la medida más práctica, sólo han de darse la vuelta y buscar una compañía más adecuada.

- Pedir al que se queja que arregle su problema: podemos decir a nuestros hijos que realicen esta pregunta al quejica, "Y tu, ¿qué vas a hacer al respecto".

- Escudo protector: hagamos pensar al niño que cuando está con alguien así imagine que se pone la capa de invisibilidad de Harry Potter, de tal manera, que se aísle de lo que está ocurriendo a su alrededor y nada de lo que escuche puede afectarle. 

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