Cómo se castiga a los niños en los colegios

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Mi hijo mayor tiene cinco años, está terminando la educación infantil y el año que viene pasará a Primaria. Este año está siendo más duro para él, según el plan de estudios, tiene que terminar el año sabiendo leer y escribir y él, todavía no está preparado. Le cuesta realizar la grafía de algunas letras y, le aburre trabajar la lectoescritura. Realiza con más agrado pintar, trabajar la grafomotricidad o las clases de psicomotricidad.

Así es el castigo a niños en las escuelas y colegios

Niño escribe en pizarra

El aburrimiento que provoca a mi hijo la iniciación a la lectoescritura y, supongo que la frustración que siente cuando ve que no le sale bien, hace que durante las clases se distraiga, no preste atención, se evada a su mundo de imaginación y charle con los compañeros. Por ello, en ocasiones le castigan. 

La manera en que su profesora y, en general, los profesores con las que yo tengo contacto castigan a sus alumnos cuando son pequeños es mandar al niño al rincón de pensar o a la silla de pensar. Es un método al que recurren para que el niño se de cuenta de que su actitud no es la correcta y recapacite.

Mi hijo me cuenta que, en el comedor es el lugar donde más veces castigan a sus compañeros y, a él mismo. Todavía son pequeños, y aunque es muy importante que adquieran buenos hábitos en la mesa desde la infancia, les cuesta estar tranquilos. Hablan, se ríen, se quieren levantar... Si tienen este tipo de conductas, las cuiadoras les castigan sin jugar durante un rato en el recreo.

A los niños más mayores, se les aplica otro tipo de castigos. El más común es la expulsión de la clase y, cuando la conducta es muy repetitiva o excesiva, se les llega a sancionar sin acudir al centro escolar. Otros castigos pasan por privar del recreo, mandar al chaval al jefe de estudios, castigar a toda la clase por el acto de un solo individuo o realizar trabajos extra. 

Algunos de estos castigos ya eran utilizados hace años, aunque la silla de pensar es un gran avance respecto a los castigos de mi época o la época de mis padres, cuando eran mucho más severos y expeditivos. Recuerdo burlas de los propios profesores hacia alumnos, agresiones verbales e incluso, crueles castigos como atar a una niña a la silla con el cinturón del baby.

Los castigos a los niños ya no son, en general, tan estrictos, pero en mi opinión, todavía se puede mejorar en este campo: tanto profesores como padres. El motivo del castigo no sólo debería ser la recapacitación sobre el acto cometido, sino que debería enseñar a corregir la conducta. Creo que todavía diferenciamos entre castigar y corregir a los niños. En el castigo debería estar siempre presente la pedagogía del mismo. 

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