La ciencia demuestra que las emociones son la base del aprendizaje

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Sólo se puede aprender aquello que se ama. Así de tajante concluye un estudio efectuado por el neurocientífico español Francisco Mora (catedrático de Fisiología Humana en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid). El objetivo de su estudio era buscar la clave del aprendizaje. El resultado, sorprendente.

El ingrediente secreto del aprendizaje no se encuentra en el razonamiento lógico, la capacidad de análisis crítico o el método deductivo. Lo que hace que un niño aprenda más o menos son... ¡las emociones!

Por qué son tan importantes las emociones en el aprendizaje infantil

Bebé sonriente

Quien no siente curiosidad por algo, no investiga. Quien no ama algo, no se emociona. Quien no se emociona con algo, termina abandonándolo. Todo va relacionado. Y todo empieza en lo mismo: las emociones

Ahora los niños aprenden las partes de una flor sin tenerla en la mano. O las fases de la luna sin observarla. Leen y releen un libro e intentan memorizar. Pero no salen a pisar la nieve en invierno junto al profesor para observar los cambios de estado del agua, ni efectúan experimentos como se hacía antes en clase de química (salvo excepciones, claro). 

Sin embargo, un profesor consigue que el niño realmente aprenda algo si consigue emocionarle. Si de pronto el niño descubre algo asombroso. Si un experimento hace que su corazón palpite. Si una explicación le provoca la risa. Si un profesor hace que de pronto salga de su ensoñación y sienta asombro, pasión, miedo. 

Realmente se aprende lo que llama la atención y genera una emoción. Y es algo que la neurociencia ha podido demostrar mediante el nivel de actividad en el cerebro. Aquello que se escapa de la monotonía, incide con más fuerza en a actividad cerebral. Se aprende más y mejor.

8 formas de motivar a los niños para que aprendan

Está claro que un niño desmotivado no aprenderá, mientras que un niño al que le apasione la clase, atenderá y mantendrá la concentración mucho más tiempo. ¿Y cómo se consigue motivar a un niño? Mediante las emociones. 

1. Trabaja la curiosidad de tu hijo. Plantéale preguntas. ¿Por qué la luna será redonda? ¿Por qué no nos caemos si la Tierra gira? ¿Dónde estará el sol por la noche? 

2. Haz que tenga contacto con la Naturaleza. Deja que se toque la nieve, que meta los pies en el río, que recoja flores en el campo...

3. Utiliza el juego para explicar temáticas complejas. 

4. Haz experimentos con él. Deja que te ayude en la cocina. La cocina es un lugar perfecto para aprender física y química. ¡Y les encanta!

5. Busca sorprender a tu hijo. 

6. Visita museos

7. Déjale libertad para escoger desde pequeño. Que elija, por ejemplo, el libro que quiere leer.

8. No olvides los refuerzos positivos. Hay frases y 'premios' no materiales que incentivan a los niños. 

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