Contra la violencia de género, piensa en tus hijos

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Siempre me ha llamado la atención que muchas de las mujeres víctimas de la violencia de género aseguren que, si no han denunciado antes, ha sido por sus hijos. Algo que parece lógico, sobre todo, cuando ellas son económicamente dependientes de sus parejas y sus hijos dependen del sustento paterno para continuar con su vida.

Sin embargo, aguantar en esta situación es mucho peor para los hijos de lo que nos imaginamos. Según reconoce la  Academia  Americana  de  Pediatría  (AAP), “ser  testigo  de violencia doméstica puede ser tan traumático para el niño como ser víctima de abusos físicos o sexuales”. 

Los niños menores de 5 años son los más perjudicados

Los niños y la violencia de género

Los niños que viven expuestos a la violencia de género en su ámbito familiar, es decir, que viven en un hogar donde su padre o el compañero de su madre es violento contra la mujer, pueden padecer problemas físicos, trastornos psicológicos, problemas de conducta y dificultades cognitivas derivados de su exposición a la violencia. Estos niños, según denuncia la Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas, presencian actos violentos y son testigos directos de las agresiones a su madre en un 70-90 por ciento de los casos, oyen gritos, insultos, ruidos de golpes, ven las marcas que dejan las agresiones, perciben el miedo y el estrés en la mirada de la madre y están inmersos en el ciclo de la violencia (tensión creciente, estallido, arrepentimiento).

Por edades, los cuidados, atención y afecto que reclaman los niños menores de 5 años no pueden ser respondidos adecuadamente por sus madres, las víctimas, y son el grupo de edad más expuesto y vulnerable a la violencia. Estos niños y niñas presentan estancamiento del peso, alteraciones del sueño, transtornos de la alimentación, problemas de control de esfínteres, ansiedad, tristeza y llanto inconsolable. Suelen comportarse con más agresividad en sus interacciones personales y, a menudo, se sienten responsables de los conflictos de sus padres. 

Los niños y las niñas de entre 6 y 12 años tienen mayor control de sus emociones, capacidad de razonamiento, un círculo social más amplio. También imitan los roles de sus progenitores, sienten preocupación o enfado por la actitud de la madre víctima, pero curiosamente muestran admiración ante el poder y la fuerza del padre violento. Presentan más miedos, problemas académicos, conductas agresivas, aislamiento, ansiedad o depresión, y disminución de su autoestima. 

En los casos en que los padres creen mantener a sus hijos alejados de las escenas violentas, se siguen detectando en los menores los síntomas secundarios a la exposición a la violencia en sus hogares. Es frecuente el desacuerdo entre los dos progenitores en la forma de educar a sus hijos. Además el agresor suele tener interacciones agitadas, intransigentes y disciplinarias con sus hijos, mostrándose irritable y enfadado, y poco cariñoso. La madre puede tener, cuando está a solas con sus hijos, un comportamiento diferente con ellos, a menudo sobreprotector. Las consecuencias psicológicas de la violencia que sufre la madre (ansiedad, depresión, miedo), hace que ésta no pueda responder de forma adecuada a las necesidades de sus hijos, debiendo enfrentarse con frecuencia a otros problemas, como la falta de dinero o el desempleo.

Marisol Nuevo

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