El nuevo bebé tecnológico

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Bodies que recogen la temperatura del bebé, pañales que alertan de la necesidad de ser reemplazados, biberones que informan de cuánta leche ha tomado  el recién nacido y en cuánto tiempo... La nueva tecnología se rinde al mundo de los bebés y los padres caen, sin pestañear, en sus redes. 

Los expertos alertan de la obsesión de muchos padres por las los dispositivos que les dicen 'todo' acerca de lo que hace o deja de hacer su bebé. Tal vez estemos olvidando que más allá de las máquinas que todo lo saben, existe algo mucho más veraz, un lenguaje no data que todos los padres consiguen descifrar con soltura: el vínculo.

Los nuevos dispositivos tecnológicos para el bebé

Bebé es fotografiado

Existen pañales capaces de detectar una infección de orina. También te pueden decir si tu hijo necesita hidratarse más. Y calcetines inteligentes que te dicen la cantidad de oxígeno en sangre del pequeño y su ritmo cardiaco. Puedes encontrar GPS para bebés, para tener controlados sus movimientos si están a manos de un cuidador o cuidadora. Y por supuesto, están los wereables, dispositivos que monitorizan al bebé: te dicen cuánto duerme, cómo descansa, qué temperatura tiene, cuánta energía gasta... 

Pulseras que cuentan los pasos que da sus bebés, peluches que velan por el sueño del niño y aparatos que mandan un mensaje al móvil de los padres avisando de que su bebé está a punto de despertarse, tobilleras que informan de la salud del niño a cada instante e incluso un software capaz de contabilizar la cantidad de veces que el padre y la madre regañan al niño y de medir los decibelios que se utilizan en cada 'bronca' ...

Cada vez hay más padres obsesionados con todos estos artilugios, a pesar de que en un principio se crearon para monitorizar a niños con problemas de salud. Gadgets que se agotan en cuestión de minutos. Información personal que luego será compartida en internet. Es más, se calcula que cerca del 80% de bebés de menos de 6 meses tienen presencia en internet. ¿Nos estamos volviendo locos? 

No hacen falta tantos aparatos, medidores, cámaras ni dispositivos térmicos. Para saber que el niño tiene hambre basta su llanto. Para saber que necesita un abrazo, basta una mirada. Para saber que el niño quiere que le cambien el pañal, está el olfato. Para saber que tiene fiebre, el tacto. Además existe algo que las máquinas jamás podrán medir, algo que las madres y los padres, sin dispositivos ni aparatos de última generación pueden ver con claridad: los sentimientos. 

Juegos para niños con cajas de cartón recicladas

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