Bebés que nacen con una vuelta de cordón umbilical

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El otro día mi hijo pequeño me pidió que le contara otra vez cómo fue el día en que nació, qué pasó y cómo sucedió todo. Así fue como recordé aquel intenso día, un sábado de puente, el día que salía de cuentas.

Llegué a la maternidad donde iba a dar a luz para hacerme una monitorización de rutina y me recibió un médico joven, que se disponía a realizar una prueba rutinaria a una mujer embarazada. Mi bebé tenía el cordón alrededor del cuello y padecía sufrimiento fetal.

Nacer con el cordón umbilical enrollado al cuello

El cordón umbilical en el parto

Pero la monitorización no resultó ser rutinaria y aún recuerdo su cara de susto cuando detectó que el corazón de mi bebé no latía como debía y padecía sufrimiento fetal. Asustado, nos dijo lo que pasaba y que iba a llamar a mi ginecóloga para preparar una cesárea de urgencia. Durante la monitorización, estaba acostada en la camilla boca arriba, me puse de lado y le pedí que probara a tomar los mismos datos, pero en la otra postura. De lado, los resultados de la monitorización eran normales, entonces, ¿qué pasaba?

Al llegar, mi ginecóloga me realizó una ecografía y en la pantalla se podía ver a mi hijo con una vuelta del cordón umbilical alrededor del cuello. Eso era todo, casi nada o casi todo. Como aquel mismo día salía de cuentas, me dijo que la decisión de elección era provocar el parto para que el bebé naciera cuanto antes. Estaba muy preocupada porque no quería que me hiciera una cesárea y le pregunté qué posibilidades tenía de dar a luz por vía vaginal. 

Ya había tenido antes otro bebé sin problemas y me tranquilizó diciendo que era posible que el bebé naciera por vía vaginal, a pesar de su vuelta de cordón, si éste era lo suficiente largo como para no dificultar el paso del bebé por el canal del parto. Finalmente, en aquel momento comencé a rellenar los papeles de mi ingreso hospitalario, me dieron una habitación y después una matrona me rompió el saco amniótico para que el proceso de parto se iniciara. 

Al cabo de una hora comencé a dilatar, mientras el latido del corazón de mi bebé estaba constantemente controlado por el personal médico. Mi bebé está bien, lo siento, lo noto, pensaba mientras tanto. Me parecía curioso saber que él estaba bien, era como si ambos organismos estuvieran conectados por algo más que la parte física, habia algo mental, algo emocional que me decía que todo iba bien. 

Me pusieron la epidural y finalmente, me subieron a la sala de partos cuando llegué a los 10 cm de dilatación. Una vez allí, sólo tuve que pujar dos veces, al segundo pujo, mi bebé había nacido y le tenía entre mis brazos. Un precioso bebé de 3,400 gr, que me sonrió la primera vez que me vio. Ambos nos habíamos portado como verdaderos campeones, luchamos por la vida manteniendo la calma y la serenidad en todo momento. Nunca olvidaré aquel precioso día.

Marisol Nuevo.

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