La lactancia artificial tiene siglos de historia

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Estudios científicos han demostrado que amamantar a nuestros hijos concede beneficios a los lactantes que la lactancia artificial no posee. Se ceden anticuerpos de la madre al hijo, se reducen los problemas gástricos, las diarreas, las infecciones, las alergias y la obesidad, entre otros muchos factores.

Pero  también es cierto que muchas madres no pueden dar de mamar a sus hijos, ya sea por un problema de salud o porque no tengan suficiente leche, porque el niño no lo tolere o por decisión propia, y eso no puede ser un motivo de depresión para ellas, ni tampoco de culpabilidad.

Historia de la lactancia artificial

La lactancia a lo largo de la historia

En los últimos años he visto cómo muchas de mis amigas se han visto obligadas a dar de mamar a sus hijos debido a una gran presión social, familiar, médica y mediática. No dar de mamar a un niño se considera hoy en día una auténtica aberración. Yo misma he tenido que sufrir miradas incómodas cuando decidí no dar el pecho a mis mellizas bajo prescripción médica debido a la falta de leche y el estrés que produce una lactancia múltiple. Me trataban de mala madre y de no sacrificarme por mis hijas. Todavía, 7 años después, evito decir a la gente que les di biberón para no tener que dar explicaciones y por la sensación de culpabilidad que todavía siento.

Pero recientemente topé con un libro que hablaba de la historia de la lactancia infantil y ¡oh sorpresa! Me entero que eso de la lactancia artificial lleva en marcha desde las primeras civilizaciones. Las reinas y las clases más altas de las civilizaciones egipcia o romana declinaban dar de mamar a sus hijos como un acto de la gente más humilde, y ya se usaban a modo de biberón cuernos de vaca y otros recipientes similares. A cambio se contrataban los servicios de una nodriza, que era algo más “chic” y, cuando esto no era posible, se recurría a leche de animal, siendo la vaca la más utilizada, debido a su facilidad para su obtención. Las mujeres griegas tampoco veían con muy buenos ojos lo de sacarse el pecho y dar de mamar a sus vástagos, e incluso algunas de ellas pensaban que envejecerían de forma prematura. 

La Edad Media, nos trajo los primeros biberones de madera de Alemania, y durante los siglos XVI al XVIII amamantar no estaba nada de moda. Seguían creyendo que eso las avejentaría y además no les permitía vestirse a la moda. Pero por si les quedaba alguna duda a aquellas mujeres, aquí empezó a tener un papel importante el hombre, que tampoco permitía a la mujer dar de mamar en las clases altas ya que retrasaría el retorno de la fertilidad y no podrían tener los numerosos herederos que deseaban. Las creencias de que menstruando o estando embarazada la leche materna era mala para los bebés también contribuyó a que las madres sustituyeran la teta, desde los primeros meses de vida, por pan mojado, caldos e incluso papillas; ¡dicen que el rey Luis XIII, tomó papillas desde los 18 días de edad!

El caso es que la revolución industrial no cambió mucho esta tendencia y además añadió la primera sombra de algo que todavía perdura: la incorporación de la mujer al trabajo cuanto antes. Además de las nodrizas, se fomentó el uso de la leche de vaca como alternativa, pero en esta época la población que tenía acceso a leche fresca fácilmente, con lo que se mezclaba con agua contaminada y el cólera asoló parte de la población infantil. Los médicos pensaban que dar de mamar más allá del noveno mes confería al bebé raquitismo, enfermedades mentales y pérdida de peso, además de cansancio, fatiga, dolores de cabeza, vértigos, sordera, ceguera y locura en la madre, con lo que el reciente descubrimiento de la goma propició que su uso también estuviera destinado a crear tetinas y se recomendara la lactancia combinada.

La lactancia artificial hoy en día

Para nuestra tranquilidad las leches de hoy día están en el ojo de las investigaciones clínicas continuamente. Se han adecuado a las necesidades de los lactantes, aunque por supuesto, nunca podrán dar los mismos aportes que una natural. Se le han añadido las vitaminas que a las anteriores leches le faltaban y están recomendadas en casos de alergias a las leches maternas o con problemas metabólicos. Intentan parecerse lo más posible a la leche materna, y aunque nunca será igual, sigue siendo un buen sustituto. 

Está claro, que dar de mamar o no debe ser una decisión totalmente personal, y sea cual sea esa elección no hay que sentirse mal por ello. 

Patricia Fernández. Redactora de Guiainfantil.com

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