Acoso escolar. Qué dicen los niños a través de su cuerpo

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En los numerosos correos que recibimos en nuestra redacción, observamos que el tema del acoso escolar es uno de los que más preocupan e inquietan a los padres. Una madre nos cuenta que su hijo de 8 años no quiere irse al colegio. Llora, se agarra a ella y se queja de que le duele la cabeza, la barriga, y así todas las mañanas. La madre lo lleva al médico y él le dice que el niño no tiene nada, entonces la madre sospecha que el niño no quiere irse al colegio porque tiene miedo, fobia y ya no tiene dudas: "algo ha pasado".

Cuando el niño sufre acoso escolar

Qué dice el cuerpo de los niños

Esta madre nos cuenta que intentó hablar con su hijo, ofrecerle un ambiente tranquilo y seguro para que él se expresase, pero nada consiguió. La madre piensa y empieza a juntar los hilos. Ya lleva meses que su hijo le 'inventa' cositas para no irse al cole, que no se interesa tanto por los estudios, que sus notas académicas bajaron y que la tutora, en la última reunión, le dijo que su hijo no participaba y se mostraba muy quieto y reservado en las clases. A partir de eso, la madre ya no tiene dudas. El problema está en el colegio y se pregunta: "¿Será que mí hijo sufre acoso escolar?"

Puede ser que algo haya pasado realmente en el colegio, pero el niño no sabe identificar ni dar nombres. El acoso escolar es como las termitas, aquellos insectos que comen la madera. El acoso va inhibiendo y destruyendo la seguridad, la fuerza, la autoestima, la ilusión, la confianza y la libertad de los niños, dando lugar al miedo, a la inseguridad, al dolor, a la falta de autonomía y a la incapacidad de reacción en los niños. Los niños no se quejan solamente por quejarse. Muchas veces los dolores físicos no se deben sólo a un golpe, una caída o a una enfermedad. Pueden ser la expresión de un dolor que está "muy dentro", oculto en el interior de los niños.

A los 8 años, no todos los niños saben coger las riendas de sus problemas y conflictos. Reconocen lo que está mal, pero no saben como reaccionar a ello. Eso ocurre no solo por un acoso escolar, pero también por situaciones como el divorcio de los padres, la pérdida de un ser querido, un cambio de casa o de colegio, etc. Cuando tenemos un problema y no conseguimos exteriorizarlo, nos quedamos como un pájaro enfermo, sin cantar. Aprendiendo a escuchar no solo lo que dicen los niños como también a su cuerpo, nos ayudará a que podamos conocerlos y a orientarlos de una mejor forma.

Educar en valores a los niños

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