¿Son crueles los niños?

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¿Os acordáis lo que dice el conejito Tambor a Bambi? "Si no tienes nada bueno que decir, no lo digas". ¡Ya podíamos aplicarnos el consejo más veces!... Los niños muchas veces no tienen ningún reparo en hacer leña del árbol caído.

Cuando alguno de mis hijos nos oye reprender a su hermano, no duda en echar más leña al fuego, apostillando algo en su contra. Mi marido siempre les dice que da igual lo que nosotros le digamos, ellos tienen que defender o apoyar siempre a su hermano.

La crueldad infantil

Crueldad infantil

Se dice que los niños son crueles, pero de nosotros depende que no sea así. El otro día mi hijo me comentaba, sonriendo, que un amigo suyo llamaba Moby Dick (nombre de la ballena de da nombre a la novela de Melville) a una cocinera de su colegio que es obesa. Está claro que fue una expresión que aprendió de algún adulto e hizo suya.

¡Muchas veces, somos los mayores los que influimos negativamente en nuestros niños! El caso es que me sentí fatal, cuando me lo contó, y aproveché la ocasión para enseñar a mis hijos a comprender, a no juzgar y a ponernos en el pellejo de los demás, preguntándoles si a ellos les gustaría que les insultaran así.

No es fácil enseñar a los niños a no criticar y a ser bondadosos y respetuosos con los demás (sean mayores, pequeños, jóvenes o ancianos) porque nosotros mismos, muchas veces, tampoco lo somos. La familia es el germen del amor y la comprensión, y en un clima familiar amoroso, no tienen cabida los juicios de valor.

A medida que el niño crezca irá aprendiendo y haciendo extensivo a otros ámbitos el amor vivido en su hogar. Deberíamos seguir aprendiendo y corrigiéndonos durante toda la vida, ser cautos en nuestros juicios y ser siempre amables. Sería estupendo que pudiéramos acercarnos a los demás con la mente limpia de prejuicios y con el corazón lleno de bondad. Críticas, rumores, falsedades deberían meterse en el cajón del olvido como en este breve, aunque inspirador relato que me ha enviado mi suegro.

Cuento para educar a los niños: Las tres rejas

El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y le dice:
-Maestro, un amigo estuvo hablando mal de ti...
¡Espera! -lo interrumpe el filósofo-. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
-¿Las tres rejas?, preguntó su discípulo.
Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
-No. Lo oí comentar a unos vecinos.
Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario...
Ah, ¡vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no. Entonces... -dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

Patro Gabaldón. GuiaInfantil.com

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