Los antojos y aversiones durante el embarazo

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Incluso antes de enterarnos que estamos embarazadas, es frecuente que experimentemos ciertas aversiones a olores y a alimentos que antes nos gustaban y, de la misma manera, hay alimentos que ahora nos atraen enormemente. Especialmente, durante los tres primeros meses, las náuseas, los antojos, las indigestiones o la flatulencia forman parte de nuestro día a día, son signos de que nuestro cuerpo está experimentando grandes cambios.

Cuando estaba embarazada, yo sentía unas ansias locas por comer patatas fritas con kétchup, callos con chorizo o pepinillos en vinagre. Estas apetencias o excentricidades gastronómicas repentinas pueden tener también una explicación fisiológica. Seguramente, estén producidos por el efecto de las hormonas o por la necesidad de un incremento calórico o por la sensación constante de hambre (aunque luego suframos unas indigestiones horrorosas).

Aversiones a olores durante el embarazo

Antojos y aversiones durante el embarazo

El gusto y también el olfato cambian, en mayor o menor medida, durante el embarazo, ambos sentidos están íntimamente relacionados, y pueden agudizarse de una manera extraordinaria. Aún recuerdo haber escuchado a mi hermana potentes arcadas de asco ante la presencia de alimentos como el pescado o mariscos, que, curiosamente, sin estar embarazada le encantan. Se trata de una alteración fisiológica provocada por el aumento de estrógenos que provoca que la mujer tenga un olfato más prominente y una extrema sensibilidad a los olores. Es mucho más acusado en los tres primeros meses cuando los cambios fisiológicos son más acusados, aunque posteriormente se normaliza o, al menos, disminuye, hasta desaparecer completamente después del parto.

Dicen los entendidos que también existe un aspecto psicológico en esto de los antojos, puede ser que la embarazada necesite sentirse mimada por su pareja o puede necesitar dar rienda suelta a alguna apetencia que se desvíe de la dieta ideal, agravada por los estragos hormonales que le solicitan dulces u otros alimentos para paliar las náuseas. Es bastante popular la creencia de que estos alimentos nos apetecen porque nuestro cuerpo, sabiamente, 'nos lo pide', pero esto es algo bastante dudoso, más bien parece responder a satisfacer imperiosamente una tentación gastronómica.

Así que, por norma general, debemos de dar rienda suelta a los antojos siempre y cuando éstos no supongan una alimentación poco saludable (alimentos ni muy calóricos ni poco nutritivos). Los antojos deben ser consentidos cuando respondan a alimentos adecuados tanto para la madre como para su bebé. Por otra parte, los alimentos saludables que temporalmente nos producen aversión deben ser sustituidos por otros que nos proporcionen los mismos beneficios o aportes nutritivos. Y si la aversión es hacia alimentos poco nutritivos pues mejor para nosotras, aunque es bastante difícil que ninguna embarazada tenga aversión a su golosina o helado de chocolate favorito.

Patro Gabaldón. Redactora de Guiainfantil.com

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