El sexo de tu bebé: ¿quieres saberlo?

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Para mí, uno de los momentos más deseados y esperados del embarazo ha sido el día en que el ginecólogo nos podía confirmar el sexo de nuestro bebé. Señalábamos con bastante antelación en el calendario de la cocina el día en que me realizarían la segunda ecografía y, por fin, conoceríamos si nuestro bebé era niño o niña. ¡Estoy segura de que no soy la única!

Una sorpresa genial: el sexo del bebé

Como saber el sexo del bebé a que esperas

Nuestras madres y abuelas no tenían la oportunidad de saber el sexo del bebé que esperaban, hacían sus cábalas observando la forma de la barriga, los síntomas que tenían, las fechas de embarazo, etc. Se hacían todo tipo de suposiciones para saber si el bebé sería niño o niña; preparaban un ajuar que serviría para ambos sexos (supongo que no tendrían nada de color rosa). Ahora, gracias a las ecografías, podemos tener la certeza al 100 por cien, pero, aún así, hay papás que prefieren no saber el sexo del bebé que esperan. Las razones que se suelen alegar para no querer saberlo es que así será una sorpresa mayor, que prefieren no adelantar pronósticos por si fallan, o no quieren defraudarse si por algún motivo, desearan un bebé de diferente sexo del que han engendrado.

Respecto a esto último, conozco una mamá que prefería no conocer el sexo de su cuarto bebé, ya que sus tres hijos anteriores habían sido varones. ¡Qué desilusión sufriría si era otro niño! Prefería no saberlo para disfrutar lo más posible su embarazo. Una vez en sus brazos, no cambiaría a su pequeño por ningún otro bebé, aunque no fuera la niña que había deseado... ¡Tu hijo es maravilloso sea del sexo que sea!... y si fuera la esperada niña, la sorpresa sería todavía mayor para la familia.

Salvando estas excepciones, creo que la mayoría de los futuros papás deseamos saber cuanto antes el sexo de nuestro bebé. A mi parecer conocerlo de antemano, es todo ventajas: tenemos la posibilidad de llamar a nuestro pequeño por su nombre y de poder anticiparnos unos meses a los preparativos de su llegada, ya que luego quizás no tengamos el tiempo necesario. Elegir nombre, decorar la habitación, elegir la ropita, hablar con él o ella, imaginarnos su carita, pensar en si le pondremos o no pendientes... creo que no nos priva de la sorpresa de ver y acariciar por primera vez a nuestro hijo o hija.

Normalmente, durante los primeros días del nacimiento de nuestro bebé no nos da tiempo ni a mirarnos en el espejo. La adaptación que requiere nuestra nueva situación familiar y las demandas de nuestro hijo, deben ser nuestra prioridad fundamental. El hecho de ir de compras para elegir la ropita de un color u otro, el cochecito adecuado o decorar su habitación debería esperar o, mejor aún, anticiparse. Y tú, cuéntanos, ¿quieres saberlo o no?

Patro Gabaldón

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