Uno de cada dos niños es fumador pasivo

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Uno de cada dos niños es fumador pasivo por convivir con padres fumadores y presentan hasta cuatro veces más enfermedades respiratorias que los menores que no están expuestos al humo del tabaco, además de presentar otras patologías con mayor frecuencia como el síndrome de la muerte súbita del lactante. Según los médicos, estos niños suelen padecer de asma, bronquitis y de migrañas.

Cuando los padres son fumadores

Madre fuma delante de niña

Todos sabemos que fumar es malo para nuestra salud y para los que habitualmente comparten espacio con nosotros. Tengo un amigo que me comenta que no puede entender cómo hay mujeres que fuman embarazadas o padres que fuman en el coche con sus hijos dentro ¡Están obligando a sus hijos a fumar! decía enojado..., y no le falta razón. Dejar el tabaco es muy difícil, pero no imposible, sólo hay que elegir una buena causa que nos motive, los que lo han conseguido ya lo saben. Aunque actualmente, la ley protege a los niños del humo del tabaco en espacios públicos en los espacios privados muchas veces no se respeta a los menores y lo peor es que son sus propios padres los que lo hacen, aquellos que sin duda son los que más le quieren en el mundo.

Seguro que a sabiendas, ningún padre normal haría daño a su hijo, pero muchas veces nuestro vicio de fumar puede resultar nefasto para ellos, incluso aunque no notemos a corto plazo sus efectos perjudiciales. El ejemplo que les damos fumando, sin duda, es malo, ya que es un hábito no recomendable para nadie, y tu hijo, cuando sea mayor, quizás imite el modelo que ha visto en su casa. Pero mucho más grave que el mal ejemplo que les damos es el hecho de que obliguemos a nuestros hijos a que sean fumadores pasivos.

La exposición continua al humo de un cigarrillo aumenta la posibilidad de que nuestro hijo enferme, sobre todo de enfermedades que afectan a sus vías aéreas, pudiéndose presentar continuos catarros, asma, bronquitis, etc. incluso que acaben padeciendo un daño pulmonar. En caso de infección vírica también tenderán a agravarse o, al menos, tendrán más dificultad para mejorar en casos de infección vírica.

Nuestros hijos también quieren tener unos padres sanos y de que seamos responsables a la hora de emitir humos. Así que, echamos otro granito al granero, sumándonos a las recomendaciones públicas: debéis intentar dejar de fumar, y si os resulta imposible al menos dejar de hacerlo en los entornos en los que estéis con vuestro hijo. Permite que tu casa y tu coche estén libres de humo para que tu hijo pueda dejar de ser fumador pasivo. ¡Tu hijo es tu mejor motivación para dejar de fumar!

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com

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