Jugar con el agua: una diversión segura para los niños

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Los niños tienen una atracción muy poderosa hacia el agua. Pese que haya algunos pequeños que puedan sentir un miedo temporal a que el agua moje sus cabecitas porque se mete en sus ojos o nariz, finalmente no podrán resistirse a la diversión que proporcionan el jugar con el agua. ¿Qué niño no ha experimentado jugar durante el baño, en la piscina o simplemente pisar en un charco?

Jugar en el agua con el bebé

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El verano es la época del año en que el niño tendrá más posibilidad de jugar con el agua, porque sus papás no tendrán miedo de que se enfríen si se mojan los puños del jersey o los zapatos. Si hay un juguete realmente atrayente en un parque, este es una fuente fácil de abrir. Llenar globos para estampar la camisa del amigo, disparar con pistolas de agua al "enemigo", recoger agua para realizar guisos con los cacharritos, hacer castillos, presas de agua o jugar simplemente con el barro es más que estimulante para un niño.

El problema nos viene ahora que hace frío, cuando a nuestro hijo no se le ocurre otra cosa que saltar de charco en charco, cuando a hurtadillas abre el grifo del bidé para aprovisionarse de agua sin que le vea mamá, incluso cuando con escusa de lavarse los dientes y las manos deja fluir el agua entre sus "delictivas manos". Bueno, pues ¿por qué no disfrutar de ese juego tan apasionante a la hora del baño? El baño es un momento especial para casi todos los niños. A los bebés les relaja y con pocos meses les encanta mover sus piernecitas y dar palmoteadas para salpicar a sus papás mientras se carcajea. Jugar con vasitos, patitos de goma, circuitos y molinos de agua son propuestas frecuentes entre los juguetes para la bañera de nuestro hijo.

Según sean algo más mayores, los niños deben aprender a bañarse solos, pero aunque tengan la responsabilidad de darse unos cuantos "esponjazos" en el cuerpo, también deberíamos dejarles disfrutar del momento. A mi hija Ana de siete años, le encanta meter la cabeza en el agua para bucear, muchas veces se le queda el agua casi fría explorando tesoros hundidos; la manera de sacarla del agua es invitarla a que mire el remolino que hace el agua cuando desaguamos la bañera. Esta atracción por el agua puede ser una motivación excelente para aprender hábitos de higiene, momento para conseguir la relajación después de un largo día de colegio y un estimulante juego para sus sentidos, con los que pueden aprender y experimentar de primera mano los aspectos físicos del agua.

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com

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