Nuestros hijos: fruto de unión y satisfacción personal

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Tener hijos supone un cambio profundo en la pareja, especialmente el primero, que cambia nuestras prioridades y, a veces, nuestro modo de disfrutar y ver la vida. Normalmente cuando la pareja funciona, el hijo se convierte en un fuerte pegamento de contacto, pero, cuando la pareja tiene unos lazos de unión frágiles, el hijo puede ser un motivo más de desacuerdo y de problemas añadidos.

Personalmente, creo un error enorme buscar un hijo como remedio o solución a problemas conyugales, pero, sin embargo, para una pareja estable este proyecto común es uno de los más motivadores y que más satisfacciones y retos nos suponen, y por tanto que más nos hacen crecer como personas.

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Un estudio reciente que aparece en la revista Journal of Happiness Studies sugiere que tener hijos aumenta la felicidad entre las parejas que previamente han adquiridos ciertos compromisos y fidelidad. Además este estudio contradice investigaciones anteriores de que tener más hijos no lleva a una mayor felicidad, ya que existe una insatisfacción mayor al recibirse pocas recompensas por ejercer una dura labor. Este reciente estudio, por el contrario, recoge la afirmación de que para los padres de muchos hijos, éstos son la labor más importante de sus vidas. La satisfacción vital de los casados, especialmente de las mujeres, aumenta cuando tienen más hijos, al contrario de las experiencias negativas que afirman tener las personas solteras, separadas o que cohabitan. Esto de tener muchos hijos es algo que está en declive y, actualmente, es causa de muchos inconvenientes laborales, pero si previamente existe en la pareja una estabilidad emocional y social, acompañarla de un fruto abundante proporciona una satisfacción y un sentido existencial indiscutibles. Aunque, yo pienso que la felicidad no es cuestión de estadísticas ni de estudios, sino que depende más bien de una actitud positiva y alegre ante la vida, y por tanto, accesible desde cualquier situación personal, reconozco, al menos desde mi experiencia, que tener hijos ayuda a ser feliz no sólo con tu pareja, sino con uno mismo. En definitiva, cuando nos sentimos preparados y maduros para tener hijos, y tenemos una base sólida de convivencia de pareja, la llegada de los hijos es acogida y recogida como un fruto seguro de felicidad y satisfacción personal. En contrapartida también puede ser el inicio de una desintegración o alejamiento de la pareja, ya que conlleva muchas responsabilidades. Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com

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