Buenos y malos momentos con los hijos

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Estoy convencida de que los hijos sacan lo mejor y lo peor de nosotros. Hay días que tenemos ganas de dejar todo, trabajo, tareas de casa, e incluso olvidarnos de nosotras mismas, para estar totalmente con ellos.

Y hay otros días que lo que deseamos es desaparecer de sus vidas, dejarles hacer todo lo que quieran y ya está. Ellos nos hacen sentir tanto como la persona más plena del mundo, como la más 'monstruosa'. ¿Será eso normal?

Los hijos dan la felicidad a los padres

Padres con hijos pasean por playa

Creo que tener hijos es como establecer un matrimonio, una alianza, con la diferencia de que con los hijos no se puede ni debe haber separación o divorcio. De una pareja, aunque supone un dolor para la familia, uno se separa, pero de un hijo, ni pensarlo. Es un casamiento 'de por vida'. Es algo así como aquello de 'recibo a ti,..., como hijo y me entrego a ti y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida'.

Me pregunto si se debe vincular nuestra felicidad con la de tener hijo o con no tenerlos. Un hijo trae momentos muy felices, pero sólo depende de nosotros, de cómo afrontemos las dificultades que aparecen en nuestras vidas, y de cómo aprovechemos estos 'momentos' de felicidad. Lo que quiero decir es que no podemos pretender responsabilizar de nuestra felicidad a nadie, ni a nuestros pequeños. Que si un día nuestro hijo se levante de mal humor, o no quiera comer, o que no nos ha dejado dormir durante la noche, o que se dedica todas las horas a hacer rabietas, no quiere decir que debemos sentirnos malos o desgraciados padres.

Si esperamos mucho de los hijos, podemos llegar a sentirnos frustrados cuando las expectativas no se cumplen. Las duras situaciones cotidianas con los hijos también tienen su impacto en nuestra satisfacción como madres y padres, pero no debemos dejar que sean el timón de nuestra vida familiar, ni que nuestros hijos sean los malos 'conductores' de nuestras vidas. Por eso, es tan importante ofrecerles 'escuela' y ejemplos, estimulación, cuidados, afecto, siempre y en cualquier circunstancia. Pienso que los buenos y malos momentos que tengamos con nuestros hijos, aunque a veces nos alegran o nos desquicien, nos hagan sentir mejor o peor persona, sean encarados como experiencias de vida familiar.

Intentemos que los malos momentos sean lo menos frecuentes posibles, trabajemos en ello, mientras que los buenos sean disfrutados 'a tope', plenamente, de la mejor forma posible. Los momentos, de una forma general, pueden durar más o menos, pero son pasajeros, no te olvides.

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