Los deberes escolares: ¡cómo sobrevivir a ellos!

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¿No habéis pensado que, aunque ya no tengamos edad de ir al colegio, todavía tenemos deberes escolares que atender? A veces nos complica un poco más nuestra existencia el hecho de que debemos ayudar a nuestros hijos día tras día con sus tareas del colegio, y nos preguntamos a partir de qué edad debemos enseñarles a responsabilizarse de sus deberes y cuándo llegará el momento en que antepongan sus obligaciones a sus deseos de diversión y entretenimiento.

Los niños y los tareas escolares

Los deberes escolares de los niños

Después de un día de trabajo, quienes tenemos niños en edad escolar, sabemos que no sólo basta con bañarles, hacer la cena o llevarles a las actividades extraescolares que correspondan en el día, sino que, en muchas ocasiones, sus deberes escolares nos desbordan y trastornan las tareas pendientes que tenemos de la casa y del cuidado familiar. Muchas veces tenemos que insistir e incluso discutir para que nuestros hijos se sienten a hacer sus deberes; debemos vigilarles para que no pierdan el tiempo delante del libro, mirando a las musarañas o jugando con el lápiz, resolver sus dudas y supervisar el producto acabado.

No niego la necesidad de hacer frente a nuestra responsabilidad como educadores de nuestros hijos y de ayudarles en su aprendizaje, pero en ocasiones es difícil sobrevivir a las exigencias de nuestros hijos y de sus profesores. Eso de que para mañana mismo necesiten una cartulina de color rojo o lana de colores para sus manualidades, y haya que salir a la papelería más cercana (o lejana) puede acabar con nuestra paciencia y con nuestro escaso tiempo.

Pienso que, en un principio, los niños necesitan de nuestra supervisión, nuestros ánimos y estímulos para hacer sus deberes, pero llegada cierta edad, a partir de los 7 u 8, ellos tienen que ir soltándose de nuestra mano e ir asumiendo sus trabajos diarios con naturalidad y como cualquier otra rutina como ponerse el pijama, lavarse los dientes o hacer el pis de la noche. El ideal sería conseguir que entiendan que siempre pueden contar con nosotros a la hora de resolver alguna duda, pero que deben ser ellos los que tomen las riendas de sus quehaceres escolares (aunque siempre existen casos que requieran más de nuestra atención, por ejemplo, cuando hay dificultades de aprendizaje o fracaso escolar).

Patro Gabaldón

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