Padres estresados: Ponle freno a las prisas

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Con la entrada del otoño, la incorporación al curso escolar y a las jornadas laborales intensas, los padres con niños pequeños volvemos a ir acelerados a todas partes. Ya al comenzar el día todo es una auténtica carrera para ajustarnos lo más posible a lo marcado por el reloj.

Las prisas de los padres

Madre ocupada

Precisamente, estuve hablando con una mamá del colegio, sobre todas las tareas que tenemos como padres; me comentaba, con mucha gracia, que la conocen en el trabajo por ser 'la más rápida del oeste': es la más rápida en cambiarse de ropa, en leer el informe del turno anterior, en actualizar sus tareas, en almorzar... ¡en todo!, pero no lo hace por marcarse un tanto ante los jefes, sino por la inercia de haber empezado el día corriendo. Me decía, 'cuando llego a casa tampoco pierdo un segundo: recojo la casa, pongo lavadoras, plancho, doblo calcetines, preparo la cena y los uniformes para el día siguiente'. Le pregunté si su marido no le ayudaba y me dijo: 'sí, sí, mi marido supervisa los deberes de los niños, les lleva a inglés, hace la compra... ¡hay trabajo más que de sobra para los dos!' He aquí un ejemplo de lo que supone el día a día para muchos padres.

Ella se lamentaba de que no podía evitarlo, que vivía acelerada desde que se levantaba hasta que se acostaba, y que estaba preocupada porque, a veces, lo urgente no le permitía dedicarse o disfrutar de lo más importante. ¡Me pareció una excelente reflexión! No tenemos tiempo para lo importante, aquellas cosas que nos hacen crecer como personas y como padres.

No podemos perder nuestro escaso tiempo en conocernos a nosotros mismos y a nuestros hijos, aunque ellos sean lo que más queremos en el mundo. Destinamos poco esfuerzo en mejorar el apego familiar y la comunicación con nuestros niños y nos aferramos a lo urgente, aquello que nos hace estar presos de agobios y de prisas, y estamos gobernados por los nervios que nos hacen saltar como un resorte a la primera de cambio. Todos somos conscientes de que vivir estresados, tener la sensación de que nos faltan horas al día, andar siempre con prisas o no poder disfrutar plenamente de momentos irrepetibles, podría afectarnos muy negativamente, tanto a nosotros como a nuestra familia y, sin embargo, ahí seguimos afanados en nuestras tareas. Pero ¿no deberíamos frenar el ritmo y dar lugar al sosiego, a la reflexión y a la convivencia? ¿Por qué no puede ser más urgente que las lavadoras, la plancha, el tráfico o las prisas, la tranquilidad y el encuentro con nuestros hijos? Quizás ha llegado el momento de pensar en los nuevos propósitos para este curso.

Patro Gabaldon. Redactora de GuiaInfantil.com

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