El ombligo del recién nacido: ¡Qué engorro!

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Cuando vemos a nuestro recién nacido por primera vez, nos llama enormemente la atención: parecen viejecitos arrugados, peluditos, grasientos, colorados, con la mirada perdida... Pero no nos importa, es nuestro bebé, ¡no hay criatura más suave y maravillosa sobre la tierra! Eso sí, lo del ombligo me supera...

El ombligo del recién nacido y sus cuidados es algo, que aún después de practicar con varios niños, me sigue pareciendo una auténtico engorro. Del vientre hinchado y raro de nuestro bebé pende un colgajo con una pinza que abulta más que él y que, da igual lo que hagas, siempre se mancha y nos molesta a la hora de vestirle, asearle o cambiarle el culito. Todo esto, sumado al miedo de poder hacerle daño en su manipulación y cura, resulta una de las dificultades más frecuentes de los nuevos papás y mamás, aunque sólo en raras ocasiones trae complicaciones.

Cómo curar el ombligo del bebé

La cura del ombligo del bebé recién nacido

Os dirán las enfermeras que el ombligo ha de estar siempre seco para favorecer su cicatrización; para ello, nos enseñan a enroscarles una gasita estéril con un poquito de alcohol de 70º. Hasta ahí todo bien, pero en ocasiones el ombligo está expuesto a las deposiciones del pegajoso meconio (erupción cutánea) y a la orina de nuestro bebé, especialmente si es varón, con lo que su limpieza y secado es bastante difícil.

Nos harían falta tres manos: una para agarrar la pinza, otra para limpiar, y la última para empapar la gasita y envolver con precisión. No sé ¡quizás yo no soy muy habilidosa! Pasada una semana, días arriba o abajo, el resto del cordón umbilical ¡por fin cae! Qué gusto poder sumergir a nuestro pequeño en la bañera calentita sin tropezarnos con la dichosa pinza cuando pasamos la esponja.

Pero ahí no se acaba todo, hasta que nuestro bebé no disponga de una musculatura abdominal como Dios manda, cosa que no suele ocurrir antes de los 5 ó 6 meses, nuestro pequeño ombliguito puede convertirse, por sus llantos, en un ombligo algo inflado o herniado, lo cual muchas veces nos hace buscar soluciones tan disparatadas como colocar monedas con vendas, hundirlo bajo un esparadrapo o algún otro invento de la abuela..., todo ello para que nuestro bebé pueda lucir un precioso ombligo en bikini o bañador.

¡Tranquilos! con el tiempo, los ombligos suelen quedar tan preciosos como sus pequeños propietarios.

Patro Gabaldon

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