¿Qué hacer si mi hijo se deprime?

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Tras unas largas vacaciones, llegan las clases y la rutina del hogar vuelve a ser la misma de antes: levantarse temprano, el baño para despabilar, el rápido desayuno y la carrera rumbo a la escuela y el trabajo, pues 'se me ha hecho tarde'.

Si para los adultos el fin de una placentera etapa de ocio y descanso puede causar cierto desasosiego, imagina cómo podría ser para los niños quienes además de privarse del juego y la distracción, tendrán que volver a clase y reencontrarse con los compañeros, maestros, asignaturas, deberes y exámenes, en fin… toda una carga que va creciendo por día.

Niños que se deprimen cuando se terminan las vacaciones

Niño deprimido

La historia, vista de esta manera, por supuesto que deprime, pero no tiene por qué ser así. Si bien es cierto que el reinicio del curso escolar consigue generar cierto rechazo, apatía o irritabilidad en algunos niños, este malestar puede ser pasajero e intrascendente si los padres lo manejamos con la paciencia que se requiere. Aquí van algunos consejos:

1- Se debe asumir la vuelta al colegio con sincero entusiasmo y así transmitirlo a los chicos. Algunos de los argumentos podrían ser: 'será una etapa nueva, con agradables sorpresas, experiencias por vivir y cosas que aprender' y nada de contagiarlos con el 'Ufff..., de regreso a la oficina, que pesadez'

2- No regresar de un golpe a la rutina del curso escolar; es decir, valdría la pena comenzar a acostarlo temprano desde varios días antes y así organizar el horario diurno de manera que realice sus actividades preferidas y respete las 9 ó 10 horas diarias de sueño que son definitorias para el aprendizaje y el estado de ánimo.

3- No exigir mucho con respecto a los deberes en las primeras semanas, es preferible darles un tiempo para que se adapten y paulatinamente irles creando la necesidad del estudio y la responsabilidad para con sus tareas o encomiendas escolares. Un buen recurso es hacerlas siempre a la misma hora. Si a pesar de estos consejos, el niño sigue retraído, taciturno, poco comunicativo, con poco apetito y reticente a socializar con sus semejantes, quizás esté patológicamente deprimido, mal que hasta hace unos años era subestimado por padres y pediatras.

Entre las causas de depresión, los expertos también incluyen el cambio de domicilio o escuela; la muerte o enfermedad de un familiar, persona allegada o mascota; el divorcio de los padres y los cambios hormonales propios de la adolescencia. Si te preocupa la conducta de tu hijo, no tardes, busca ayuda especializada, y comparte tu experiencia con demás padres y familias.

Esperanza Díaz. Redactora

Dibujos para colorear del colegio

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