Con mi bebé en el agua: ¡una experiencia única!

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La primera vez que observé a un bebé realizar una inmersión en el agua, me quedé impresionada. En décimas de segundo, se me encogió el corazón y sentí una alegría desbordante al verle salir de nuevo a la superficie como si no hubiera pasado nada. Decidí, después de aquello, que cuando tuviera hijos iba a probar esta experiencia con ellos y nada me ha parecido más enriquecedor y gratificante.

Experiencias del bebé en el agua

Con mi bebé en el agua, estimulación acuática

El agua proporciona un espacio de juego extraordinario para los bebés y los niños, en el que se sienten tranquilos y seguros en compañía de sus padres. La actividad acuática permite que los bebés experimenten todo un abanico de experiencias que contribuyen a facilitar la adaptación a diferentes situaciones, como sucede con la aceptación de cambios de horarios y de hábitos, la precocidad en el desarrollo motriz y la adquisición de la autonomía.

Sin embargo, uno de los errores más comunes que cometemos los padres con los niños menores de tres años, cuando les llevamos a la piscina, es pretender que les enseñen a nadar. Es lógico pensar que éste sea el objetivo a perseguir, pues garantiza la seguridad del pequeño en el agua, pero por experiencia propia puedo asegurar que cuando los padres descubrimos la sensación placentera de estar con nuestro bebé en el agua, nos interesamos más por otros aspectos más atractivos y fundamentales, y ese objetivo de aprender a nadar queda postergado. Y es que hasta que los niños cumplen tres años y, de esa edad en adelante, su nivel de psicomotricidad no está preparado para aprender a nadar. De hecho, la mejor edad para aprender a nadar es a los cuatro años.

La estimulación acuática de tu bebé

Me fascinó descubrir que el verdadero trabajo de los bebés en el agua dista mucho de unos objetivos tangibles. En cambio y para mi sorpresa, me hacía feliz el desarrollo de otros aspectos emotivos y cognitivos que se relacionaban más con el crecimiento del vínculo afectivo entre mi bebé y yo, y con la evolución de su personalidad y desarrollo intelectual. La presencia de los padres, mejor de ambos, es muy importante no sólo por el papel educador, sino relacional, que esto supone. Los lazos que se establecen dentro del agua, donde no nos sonaba el móvil y podíamos estar prestando toda nuestra atención a nuestro hijo, promovió toda una serie de sensaciones y emociones vitales, que no tienen equiparación con otro tipo de actividades, que por otra parte son difíciles de encontrar cuando se trata de bebés.

Por eso, la piscina climatizada se convierte en un escenario especial para realizar actividades con el bebé. La familiarización y el dominio del medio acuático tiene varias fases y en cada una de ellas se utilizan diferentes materiales y técnicas para que el bebé pueda ir cogiendo fuerza y equilibrio dentro del agua. El aprendizaje se realiza dentro de un ambiente lúdico y la cotidianeidad ayuda a encontrar la naturalidad de movimientos en el agua igual que se adquiere con el aire cuando los bebés comienzan a andar. Para encontrar el gusto por el agua es fundamental contar con una libertad de opciones para lograr disfrutar. Un disfrute que cada bebé y cada familia debe encontrar por sí mismos.

Marisol Nuevo.

Matronatación paso a paso. Mamá y bebé nadan juntos

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