La relación de mi hija con los libros

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Uno de los momentos que más guardo con cariño entre mis recuerdos, son las tardes que pasaba con mi hija en la Biblioteca infantil de donde vivo. Las tardes de los viernes eran sagradas, mágicas, y muy esperadas. Yo la sentaba en una sillita para los más pequeños que había en la biblioteca, y nos dejábamos llevar por los colores, por las ilustraciones, por lo que nos contaban los libros.

El libro siempre fue el amigo más querido de mi hija. En lugar de un osito de peluche, ella se dormía agarradita a un libro. Le mimaba, le achuchaba, y le ponía a dormir. Por las mañanas, el libro decoraba su cama, y en la noche siguiente su reencuentro con él era otro momento muy especial. Y fue así que noche tras noche, mi hija fue adquiriendo un enorme amor por la lectura.

El amor de los niños por los libros

NIña lee

Al principio, su papá y yo nos turnábamos al pie de su camita, para leerle un libro. Luego, ella lo leía a nosotros, y con el pasar del tiempo, ella inventaba algunos personajes (el osito Javi, por ejemplo), nos orientaba con un pequeño guión, y nosotros teníamos que inventar alguna historia con lo que nos pedía ella. Sin embargo, no tardó mucho para que ella empezara a recorrer sola las páginas de los libros.

Los libros han crecido con ella. A los seis o siete años le gustaba leer de todo, y cada vez más páginas, más cuentos e historias. Y era tal su atracción, el interés y su curiosidad por más y más cuentos, que una noche la pillamos leyendo un libro a escondidas con una linterna, por debajo del edredón, algo que nos hizo tragar la risa y ponernos firmes en cuanto a los horarios de lectura.

Hoy, mi hija se ha convertido en una lectora prodigiosa. Con los 15 años de vida que tiene, ya ha leído colecciones enteras como la de Harry Potter, de la biblioteca de Teo, de Kika Superbruja, las de Enid Blyton, de Barco de Vapor, además de revistas, cómics, etc. Dice ella que quiere ser escritora. Se siente orgullosa por haber ganado, algunos cuantos premios de cuentos en su colegio. Y nosotros, profundamente convencidos de que si algo hemos hecho bien en su educación fue el haberla estimulado a leer desde que era muy pequeñita, cuando ella ni siquiera podía sujetar un libro en sus manos.

Os animo a todos los padres que lleven a sus hijos a la biblioteca o librería que esté más cerca de su casa y también a los cuentacuentos. El hábito de leer se enseña en la práctica, se hace y se construye, página a página.

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