Rabietas y berrinches de los padres

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Un niño de tan solo nueve años golpea con un palo a otro niño en un parque. Los padres del niño agredido invitan a los padres del niño agresor a su casa para hablar del tema cívicamente. Lo que empieza con tolerancia y comprensión acaba llevándoles, por un cambio de actitudes entre ellos mismos, a enfrentarse mutuamente, dejando al descubierto lo complicadas que son las relaciones humanas y 'adultas', y más aún, cuando se trata de padres.

Las rabietas de los padres

Rabietas y berrinches de los padres

Se habla tanto de las rabietas de los niños que me acabo de acordar de una trágico-comedia que vi una vez, titulada 'Un dios salvaje'. Una obra que todos los padres deberían ver ya que consigue desnudar a los padres, enseñando lo que hay por detrás de sus hijos. Una obra que te hace pensar que muchas veces, todo lo que ocurre de malo con nuestros hijos, lo responsabilizamos a los demás, al mal comportamiento de sus amigos, a la mala enseñanza y a la falta de control de sus profesores, pero raramente nos damos cuenta de que nosotros, los padres, tenemos mucha responsabilidad sobre lo que les ocurre. Los niños absorben no solo nuestras virtudes como nuestros defectos. Son las víctimas de una mala educación.

¿A que es mucho más fácil que critiquemos a los hijos de los demás? Buscamos errores en todos, en lo malo que van vestidos, en su forma de hablar, en su mal compartir, en lo que tienen en demasía, y en lo que no. De paso, también hablamos de la mala educación que dan sus padres, de lo malo que es el colegio al que acude, y no paramos de hacer comparaciones y calificaciones. Y claro, creemos que todo lo nuestro es infinitamente mejor. ¿Tan seguros estamos de qué la educación que damos a nuestros hijos es la mejor? ¿Les damos el ejemplo? ¿No estaremos depositando demasiadas expectativas en ellos?

La obra de teatro a la que me he referido al principio es apenas uno de los retratos de muchas familias. Hace con que nos veamos reflejados en cada uno de los personajes. En la forma que emplean para defender con uñas y dientes a su mundillo, en las exageradas expectativas que depositan en sus hijos, en la frustración e insatisfacción del convivio familiar y, sobre todo, en lo extremamente infantiles e intolerantes que nos ponemos muchas veces para resolver y solucionar los problemas familiares. Y me pregunto: ¿Cómo queremos que salgan los niños?

Vilma Medina. Directora de GuiaInfantil.com

Decálogo de los derechos de los niños

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